Vila-real de paso : así nos vieron aventureros, nobles, científicos, artistas y presos (s. XV – s. XX)

por Ángel Pozo y Christine Sétrin, Biblioteca Municipal de Vila-real

“Ciudad pequeña cercada de muy buenos muros, tiene mucha artillería por el miedo que tienen los vecinos de los moros.“

Autógrafo de D. Cuelbis (fragmento)

Así describe Diego Cuelbis (1574 – ?) nuestra villa en su Thesoro Chorographico de las Espannas (1599-1600), un curioso manuscrito que se conserva desde el siglo XVIII en la British Library. Nuestro viajero, un estudiante de visita por España, pasa una lluviosa noche en “el arrabal enfrente de un monasterio en una taberna dormiendo [sic.]”. De este monasterio nos dice que quedaba “fuera de esta villa a la m. derecha del camino” y que tenía “muy grandes huertas y arboledas”. La taberna estaba, entonces, frente al Convento del Rosario, futuro Templo de San Pascual, que se encuentra, efectivamente, a la derecha del Camino Real dirección norte. A la mañana siguiente, el joven Cuelbis cruza el Mijares “que tiene dos puentes muy fuertes de muy buena cantería”, anota la inscripción de la cruz que adorna uno de ellos y sigue camino a Borriol.

Como él, muchos de los viajeros que por distintos motivos visitaron España tomaron el Camino Real que comunicaba Valencia con Barcelona y que cruzaba, precisamente, Vila-real. De ahí que sean numerosas las crónicas de viajes que mencionan de una u otra forma nuestra ciudad. El Thesoro Chorographico de las Espannas es sólo una de ellas, pero ni es la más antigua, ni la mejor documentada. Les proponemos, a través de los documentos que hemos ido hallando en las distintas bibliotecas digitales, un recorrido histórico por las impresiones que nuestras calles, gentes y costumbres dejaran en viajeros de muy distinta condición a lo largo de cinco siglos.

La primera mención que encontramos, aunque escueta, viene de una importante pluma, la de Hieronymus Münzer (1437 – 1508), humanista, geógrafo y médico alemán que nos visitó un 4 de octubre de 1494, camino a Sevilla, donde quería conocer de primera mano las maravillas que del Nuevo Mundo llegaban. Pero su Itinerarium sive peregrinatio excellentissimi viri atrio ac utriusque medicinae doctoris Hieronymi Monetarii de Feldkirchen, Civis Nurembergensis sólo nombra la ciudad, no ofrece ningún detalle de interés a nuestro propósito.

En 1543, Juan Villuga publicaría su Repertorio de todos los caminos de España, la primera guía de rutas de su categoría en Europa: un libro eminentemente práctico, pensado como obra de consulta para el viajero. En él refiere el trazado de rutas que cruzan la península y la distancia entre ciudades de cada uno de los itinerarios.

El camino que marca en su mapa para unir Barcelona y Valencia (que no es más que el antiguo trazado de la vía romana) será el que mayoritariamente sigan, en una u otra dirección, los viajeros que nos van a visitar en los siglos posteriores.

Así lo haría Philippe de Caverel (1555 – 1636), monje de Sant Vaast, que pasó por Vila-real un 14 de abril de 1582, como parte de la comitiva que acompañó al abad Jean Sarrazin en su misión por reconstruir las destrozadas relaciones entre Felipe II y los flamencos. Según su relato, Ambassade en Espagne et en Portugal de R.P. en Dieu, Dom Jean Sarrazin…, se llevó muy buena impresión de nuestra tierra “fértil en olivos, naranjos y granados, que estaban en flor”, aunque no así de “la gente avara, los establecimientos y las dietas caras, conforme al proverbio español Buena tierra mala gente”.

Felipe II visitó varias veces Vila-real

También serían motivos políticos los que llevarían a Henrique Cock (1540 – 1598) hasta nuestras puertas en 1585: formaba parte de la guardia real que acompañó a Felipe II, pero no como un archero más, sino “para que brevemente pusiese por escrito lo que había de suceder en las bodas de la Serenísima Infanta doña Catalina de Austria con el Duque de Saboya en Zaragoza y en su partida de Barcelona y en las Cortes de la villa de Monzón”. Así, en el Viaje hecho por Felipe II en 1585 a Zaragoza, Barcelona y Valencia, leemos

“Yendo adelante, con la mayor priesa posible, llegamos á las nueve horas en Villareal, villa muy buena de 500 vecinos, situada en una llanura muy fértil de todas las cosas, y cuasi cuadrada, munida de muchos baluartes y buena artillería, como a tres mil pasos de la mar.“

Era la segunda vez que el monarca pernoctaba en Vila-real, y no sería la última.

Mémoire et brief recueil des journées et choses qui se sont passées au voiage qu’a faict le Sérénissime Archiducq Albert à l’allée, séjour et retour d’Espaigne tiene a otro noble de protagonista, el Archiduque Alberto (1559 – 1621), que desembarcó en Vinaroz y se dirigió a Valencia para confirmar su boda por poderes con Isabel Clara Eugenia. De su paso por Vila-real sólo sabemos que la lluvia deslució la comitiva.

El siglo XVII español está marcado por el celo con el que Felipe II entendió la contrarreforma, dificultando la libre circulación de ideas (es decir, de personas) en su territorio por miedo a las nuevas corrientes científicas y filosóficas que corrían por toda Europa. El resultado fue un evidente retraso humanístico-científico y un descenso notable de visitantes y curiosos en nuestras carreteras.

F. Martorell, Historia de la antigua Hibera (1627)

Algunos de los pocos documentos que hemos encontrado se limitan a dar testimonio del ya conocido itinerario de Villuga1 (así en Joly Barthélemy2 y Pierre d’Avity3). Por otra parte, las obras que recogen algún tipo de descripción tienen más bien carácter enciclopédico, como la Descripción general de España, de Rodrigo Menéndez Silva (1606 – 1670), o la Historia de la antigua Hibera, de Francesc Martorell i Lluna (1586 – 1640). La opinión que de Vila-real tiene este último es, cuanto menos, halagadora: “es de las más apacibles y bellas de la Plana” y destaca que nuestro pueblo está “ennoblecido con la habitación, muerte y cuerpo del Santo Pasqual Baylón, beatificado en nuestros días por el Papa Pablo V”. Efectivamente, la beatificación del franciscano había ocurrido apenas nueve años atrás, por lo que la cita de Martorell i Lluna es de las primeras que encontramos sobre San Pascual, dato que se hará recurrente en descripciones y crónicas posteriores.

Con la llegada de los Borbones en el siglo XVIII, las fronteras se abrieron, multiplicándose la llegada de extranjeros, al tiempo que empezaba a tomar auge la literatura de viajes.

Recordemos que el siglo comienza con el sangriento episodio de la Guerra de Sucesión (1706) y la consiguiente despoblación de la vila. De ello dan debida cuenta muchos de los viajeros que por aquí pasan y, gracias a sus crónicas, cartas y diarios, podemos detallar que, de los trescientos vecinos que aproximadamente sobrevivieron del saqueo (Antonio J. Cavanilles, en Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del reyno de Valencia, 1795-1797), a principios del XIX ya había censados unos 5500 (Alexandre Laborde, en Itinerario descriptivo de las provincias de España, 1809).

El modelo de libro de viajes lo inauguraría Juan Álvarez de Colmenar, seudónimo de un escritor francés aún desconocido, quien, en 1707, publicó su Les délices de l’Espagne et du Portugal, obra eminentemente visual que en 1741 aparecería bajo el título Annales d’Espagne et de Portugal. Es en esta edición donde se menciona Vila-real: “cette place a été jusqu’ici une jolie petite Ville, située au bord de la rivière de Millas, ou Mijarès, à une lieue de la mer, ceinte d’une bonne muraille flanquée de quelques Tours, ou remparts, ayant environ huit cens habitans”.

Como decimos, la obra de Colmenar sirvió de modelo a otros viajeros franceses e ingleses que poco tendrán que añadir a su escueta descripción: Lenglet du Fresnoy4 (1674 – 1755), Jean-François Peyron5 (1748 – 1784) y Henry Swinburne 6 (1743 – 1803) serían buenos ejemplos de ello 7.

El escudo de Vila-real (num. 17) en Atlante Español (1778 – 1795)

“En un llano sumamente ameno, en las márgenes del río Mixares, á una legua de Castellón de la Plana, y lo mismo del mar, está situada la Villa de Villa-Real, llamada de la Plana para distinguirla de otras que hay de su mismo nombre”, dice al comienzo del capítulo que Bernardo Espinalt nos dedica en su Atlante español… Es ésta la descripción más detallada que hasta la fecha hemos encontrado de Vila-real: historia, habitantes (mil trescientos quarenta y ocho vecinos), iglesias y conventos, mercados, vida de San Pascual, agricultura, coordenadas (en un claro alarde de voluntad científica)… para terminar describiendo de manera sucinta nuestro escudo: “tiene por armas en escudo las quatro sangrientas Barras Catalanas”8

Como Espinalt, otros muchos ilustrados viajarán por España con claras motivaciones humanistas, económicas y políticas. Y cada uno se centrará en su campo: arte, agricultura, estadística…

Unos nos dedicarán más bien poca atención, como el intendente Carlos Beramendi (177? – 183?), quien se limita a dar el número de habitantes (1800) y a hablar del entonces importante cultivo de la seda9 ; otros, sin embargo, entrarán en más detalles, aunque sean negativos, como la descripción que hará de nuestra Arciprestal el hijo ilustre de Bejís, Antonio Ponz (1725 – 1792), académico de la Historia, secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, miembro de la Real Sociedad Bascongada y de la Económica de Madrid, entre otros cargos: “La Iglesia Parroquial es obra nueva de tres naves, y acaso la más grande de quantas tiene España en línea de Parroquias, atendiendo á su buque, que sobraría para una Catedral; pero de pésimo gusto de arquitectura […]. La torre, y la portada principal están sin acabar, y convendrá que no se acaben jamás, si su arquitectura ha de ser como la executada dentro de la Iglesia”10.

A. J. Cavanilles

También pormenorizada es la entrada que Cavanilles (1745 – 1804) le dedica a Vila-real en sus célebres Observaciones sobre la Historia natural, Geografía, Agricultura, población y frutos del reyno de Valencia (1795 – 1797), muy centrada en la producción agrícola (regadío, abonos, tierras, productos…)

A estos dos ilustrados valencianos, Ponz y Cavanilles, plagiará descaradamente el también valenciano Antonio Conca (1746 – 1820) para redactar su Descrizione odeporica della Espagna (1797).

Por otra parte, el estallido de las Guerras Napoleónicas en España entre 1808 y 1814 atrajo a un buen número de militares e historiadores (sobre todo franceses e ingleses) que dejarán un valioso testimonio sobre nuestra cultura, historia, etc, en sus memorias y crónicas. Un material que bien daría para otro dossier.

A esa España convulsa se trasladó Sir John Carr (1772–1832) por motivos de salud, cuando ya era un reconocido cronista de viajes. De esa estancia da cuenta su Descriptive travels… of Spain and the Balearic Isles in the year 1809, donde dice de Vila-real que es “más bien una hermosa ciudad moderna, construida sobre la antigua”, y relata el episodio de la Guerra de Sucesión.

El mismo año de 1809 vería la luz Itinéraire descriptif de l’Espagne…, del político y escritor francés Alexandre de Laborde (1773 – 1842), una obra auspiciada al parecer por el mismo Carlos IV. De su descripción destacan interesantes novedades, como el hecho de nombrar a algunos hijos ilustres (Francisco Juan Mas, Gil Trullench, Diego Mas) o facilitar una relación de “Precios de los asientos para todos los puntos de esta carrera” (Madrid – Barcelona, en sendas direcciones). Para entonces, y según Laborde, Vila-real contaba ya con unos 5500 habitantes.

Había pasado un siglo de la Guerra de Sucesión y la ciudad mostraba indicios de una sólida recuperación económica. Así quedó anotado en Gemälde von Valencia (1811), de Christian A. Fischer (1771 – 1829): “Vila-real, con 6750 habitantes; agricultura floreciente; manufactura de seda y lana”.

Presas del Mijares en Voyage en Espagne,de Passa (1823)

Efectivamente, para la recuperación económica contó Vila-real con el pilar de la agricultura y, por encima de ésta, con el sistema de irrigación y aprovechamiento de las aguas que tanto llamaría la atención de Jaubert de Passa (1785 – 1856), prestigioso agrónomo francés, quien, entre 1816-1819, llevó a cabo un estudio pormenorizado sobre el sistema de riego en Cataluña y Valencia como “un puissant moyen de perfectionner l’agriculture française”11. En él se detalla hasta el funcionamiento del gremio de labradores con sus reglamentos y órganos de gobierno, e incluye un croquis del Mijares con sus acequias, azudes, puentes, así como un corte transversal del mismo.

Poco a poco, estos viajes de tintes humanístico-científicos se irán contagiando del romanticismo que sacude toda Europa. España se convertirá en destino favorito de muchos románticos en busca de lo exótico que muchas veces es más imaginado que real. La mayoría de viajeros entra por Cataluña para llegar a Madrid o a Andalucía, donde esperan encontrar la España más orientalizante, y pasan, de una forma u otra, por Vila-real.

Otros, posiblemente advertidos por muchas de las publicaciones que ya hemos reseñado12, prefieren eludir el mal estado de nuestras carreteras y su inseguridad y recorren nuestra costa en barco. Tal es el caso de Théophile Gautier (1811 – 1872), que narra su viaje en barco de vapor desde Gibraltar a Barcelona en Voyage en Espagne (1843).

Algunos de los relatos se llenan de anécdotas que buscan más el entretenimiento del lector que el dato objetivo y práctico. Así, sabemos de la espectacular cena que en Vila-real logró calmar las penas de un agotado y malhumorado Alexander S. Mackenzie (1803 – 1848)13, o de la impresión que causó a Joséphine de Brinkmann (1808 – ?) encontrarse “una pequeña ciudad espléndidamente iluminada por fogatas en medio de las calles”14.

El hispanista Richard Ford ataviado como majo

Este romanticismo de carreta y posada va sentando las bases del turismo tal como lo conocemos hoy. En este sentido, es significativo el título que Henri Cornille le da a su obra : Souvenirs d’Espagne (1836).

Precisamente, la monumental obra del hispanista Richard Ford (1796 – 1858) va encaminada a contrastar el modelo romántico de la España imaginada con la realidad del país que el escritor inglés llegó a conocer realmente bien. Así, y a pesar de que su A Handbook for Travellers in Spain and Readers at Home (1844) intenta deshacer tópicos sobre nuestro país, en relación a Vila-real no acierta a salir del clásico “fue construida por Jaime I como villa real para sus hijos” que iniciara Martí de Viciana en el s. XVI y que se repite una y otra vez en la mayoría de las obras que hemos consultado15.

Aunque mucho más curioso es que, en la detallada entrada que le dedica a Vila-real Pascual Madoz (1806 – 1870), ministro de Hacienda y gobernador, asegure sin más que “esta población fue ganada a los moros por el rey D. Jaime, siendo plaza fuerte de gran vecindario”. Sin embargo, los datos sobre población, estadística municipal y de reemplazo del ejército, la riqueza imponible e incluso datos sobre estadística criminal, convierten su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar en una obra imprescindible para comprender la economía española del XIX. Madoz nos recuerda, por ejemplo, que, por aquel entonces, Vila-real era cabeza de partido judicial16.

Cuadro sinóptico del partido judicial de Villarreal (P. Madoz)

En ocasiones, las citas a Vila-real se limitan a citar las descripciones e impresiones que habían recogido viajeros anteriores, sin nombrarlos. En este sentido, las obras de Arthur Raoul de Guilloteau ,conde de Grandeffe17 (1832 – 1900), Adolphe Desbarrolles18 (1801 – 1886) y Alfred Germond de Lavigne19 (1812-1891), traductor de Quevedo, Fernan Caballero y del Quijote de Avellaneda, no aportan novedades significativas a las anteriores.

Nuestra ciudad fue también lugar de paso para arrestados: un Consejo de Guerra condenó a Albert Columbrí por su participación en la revuelta barcelonesa de 1856. En su traslado hacia la cárcel de Cartagena pasa una noche en el calabozo que había entonces en el Ayuntamiento. Sus Memorias de un presidiario político  (1865), dejan también constancia de un triste episodio que protagonizó a las puertas de nuestro pueblo con una detenida que iba camino a B (¿Burriana?) y que le sirve para hacer una concienzuda crítica sobre algunas de las praxis más comunes en el sistema judicial.

Pero no todo son obras de gran calado intelectual o de descarada utilidad turística. También hay hueco para el folclore y el costumbrismo más amable. No nos resistimos a transcribir literalmente el pasaje que León Galindo y de Vera (1820 – 1889) dedica a Vila-real en su curioso Las mujeres españolas, portuguesas y americanas … de 1872:

“Con tan gratas impresiones salimos de Onda, llegando temprano a Villarreal, donde nos detuvimos poco, si bien lo bastante para que Mr. De la Joie hiciese la observación de que eran las de aquel pueblo las muchachas más lindas de la Plana y las más bien peinadas, distinguiéndose por el punzón de piedras verdes, que haciendo juego con las agujas y con las arracadas, completan el adorno de las labradoras.

La mujer de Castellón, según León Galindo

– ¿Cómo llamarse eso que llevar en el cabezo? Decir a mi que llamarse puncaor.
– Si: tal nombre dan en algunas partes al punzón; punchador, que eso significa literalmente; pero el verdadero nombre del punzón es rascamoño; y si no, ahí está la copla, que no me dejará mentir

Valensia, per ser Valensia,
En cuatre dines un rollo
Y en una peseta blanca
Pinteta y un rascamoño

Con que ya ve usted, amigo mío, como es rascamoño.
– Oh, sí, no olvidar a mí.
Y sacando su cartera, apuntó : “Mugueres de Villaroyal llevar encima del cabezo un alfiler mucho grande por rascar monos”.

Si un elemento hay que cambiará definitivamente las condiciones de los viajeros, ese será la llegada del ferrocarril. La cada vez más extensa red de vías facilitan y hacen más rápida la comunicación entre distintos destinos, si bien limita éstos a las poblaciones que contaran con estación de trenes. La nuestra se inauguró en 1862 y ya se menciona en la importantísima obra del pintor ondense Bernardo Mundina (1827 – 1903), Historia, geografía y estadística de la provincia de Castellón (1873). Su artículo dedicado a Vila-real, de hecho, es el más detallado de todos los que hemos encontrado: datos históricos, económicos, políticos, artísticos, de costumbres, hijos ilustres, religión, monumentos, patrimonio… Creemos que vale la pena dar el texto íntegro.

En una recién inaugurada Panderola nos llegaría el periodista Sinesio Delgado (1859 – 1928), de camino a Onda. Su crónica, titulada España al terminar el siglo XIX (1897) y salpicada de anécdotas, está ilustrada por un buen número de fotografías. Es una lástima que la mala calidad de la digitalización no nos permita ver con claridad las fotografías que hace de Vila-real.

La estación de Vila-real en 1893

El editor alemán Karl Baedeker (1801 – 1859) creó lo que iba a ser el modelo moderno de guías de viajes: alojamientos, medios de transporte, lugares de interés y precios de entradas… sus guías le sobrevivieron y no dejaron de publicarse hasta 1943. Tan completas y precisas eran, que los alemanes en la Segunda Guerra Mundial eligieron para bombardear en Inglaterra todos los puntos señalados con tres estrellas por la guía Baedeker. Dentro de esta colección apareció, en 1908, Spain and Portugal, en la que aparece reseñada de nuevo nuestra estación de tren, un restaurante y la Fonda de la Puerta del Sol. Para entonces, Vila-real contaba ya con 16000 habitantes. A pesar del renovado concepto que representan, las guías Baedeker, se dejaban seducir también por el costumbrismo: “las jarras de agua de las mujeres recuerdan a las de los tiempos clásicos, y los lugareños son del todo interesantes”.

Por su descripción, es fácil imaginar que otro viajero ilustre de principios del XX, el coronel Herbert Andrews Newell (1869 – 1934) no bajara ni del vagón al llegar a nuestra estación: “(…) Esta superabundancia de fruta nos brindó una curiosa visión en la pequeña estación de Villareal, donde el andén literalmente desapareció bajo grandes pilas de naranjas”20.

Mª Nieves de Braganza, Duquesa de San Jaime

También por tren, aunque de incógnito, por sus repercusiones políticas, nos llegó la visita de una de las pocas mujeres de nuestro listado, María de las Nieves de Braganza (1852 – 1941), Infanta de Portugal, Duquesa de San Jaime y Reina consorte titular de España, Francia y Navarra para los carlistas. Aunque apenas describe nuestra “Villarreal de gran memoria”, su Cuaderno de viaje a España (posiblemente, de 189221) nos ayuda a entender más su perfil de noble con inquietudes humanistas.

Terminaremos nuestro acercamiento a los viajeros históricos con las impresiones que recoge Emili Beüt (1902 – 1993), fundador, entre otras cosas, del Centre Excursionista de Valencia, en Camins d’argent (1952): carrers rectes, amples i urbanitzats; bons edificis, que posen de relleu la la prosperitat; gran extensió, que acobla més de 20000 habitants; i esbargiments propis de les grans poblacions.

Desde la defensa contra los moros hasta la llegada del ferrocarril, los testimonios que hemos ido desgranando del jugoso repertorio que nos brindan las bibliotecas digitales no terminan aquí. Algunos títulos hemos dejado en el tintero y otros muchos irán apareciendo conforme vayan elevándose al dominio público.

Las voces de estos ilustres personajes que pasaron por (o dieron testimonio de) Vila-real forman una perspectiva coral de nuestra propia historia que no podemos descuidar a la hora de entender nuestro presente.


1 También conocido como camino real, o camino romano o de Borriol, por comunicar estas dos poblaciones.
Voyage en Espagne (1603-1604), citado en Revue hispanique, tomo XX (1909).
3 Le monde, ou la Description générale de ses quatre parties – Paris  :  Sonnius et D. Bechet, 1643
Méthode pour étudier la geographie Paris : C.E. Hochereau, 1716
Nouveau voyage en Espagne, fait en 1777 & 1778 – Londres :  P. Elmsly, 1782
Travels through Spain in the Years 1775 and 1776 – Londres : J. Davis, 1787
En Viajes y acción política del Intendente Beramendi, Emilio Soler cita el caso extremo del abate Delaporte, quien publicaría su Voyage en Espagne sin haber cruzado el jardín de su casa, gracias a la guía de Colmenar.
Por su especial interés, reproducimos la entrada completa dedicada a Vila-real.
9 Citado por Emilio Soler, El Viaje de Beramendi por el País valenciano (1793 -94) – Barcelona : Ediciones del Serbal, 1994.
10 Viage de España, ó Cartas, en que se da noticia de las cosas mas apreciables, y dignas de saberse que hay en ella su autor D. Pedro Antonio de la Puente – Madrid : D. Joachin Ibarra, 1772 – 1794.
11 Jaubert de Passa, Voyage en Espagne – Paris : Madame Huzard, Lib., 1823
12 Así, por ejemplo, D. Cuelbis : “no es siempre seguro de hascer este camino” ;
C. A. Fischer : “Como a menudo [los caminos entre un pueblo y otro] son cinco o seis pies más hondos que los campos vecinos, en los meses de invierno, cuando de repente hay inundaciones, se vuelven intransitables por varios días” ; H. Swinburne : “Ni las bellezas naturales o artísticas que pueda tener este país tienen parangón alguno con la tediosidad del viaje, el mal estado de las carreteras o el abominable estado de las posadas. Es cierto que nadie ha emprendido todavía por su propio gusto un segundo viaje por este país y, si mi consejo hubiera de ser tenido en cuenta, nadie lo intentaría ni una sola vez”.
13 A year in Spain – New York : Harper & Brothers, 1836.
14 Promenades en Espagne: pedant les années 1849 et 1850 – Paris : Francke, 1852.
15 Rafael Martí de Viciana, Libro tercero de la Chronyca de la inclita y coronada ciudad de Valencia y de su reyno – Valencia : en casa de Juan Nauarro…, 1564.
16 Tal y como nos recuerda Bernardo Mundina : “hasta que la revolución de 1868 la suprimió”.
17 Nouveau guide en Espagne – Paris : impr. de N. Chaix, 1864.
18 Deux artistes en Espagne – Paris : G. Barba, 1865.
19 Itinéraire descriptif, historique et artistique de l’Espagne et du Portugal – Paris : Librairie de L. Hachette et Cie., 1866.
20 H. A. Newell, Footprints in Spain – London : Methuen & co. ltd, 1922.
21 J. A. López y E. Escobedo, “María de las Nieves de Braganza, su paso de incógnito por tierras gienenses en 1892“, en Contraluz, núm. 6, Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico, Cabra del Santo Cristo, agosto 2009, p. 339-350.

 

Bibliografía

Anuncis

~ per bibliovilareal a Juny 29, 2018.

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