Vila-real y la cuestión carlista (II)

Tres nombres propios : Joaquín Llorens, Julián Pareja y Jaime Jordá

Por Ángel Pozo y Christine Sétrin, Biblioteca de Vila-real

Bandera carlista de la Primera Guerra (Wikipedia)

En el año 1833, apenas murió Fernando VII, los partidarios de Carlos V levantaron por él la bandera de insurrección. El gobierno de María Cristina, reina y gobernadora, conociendo que, en general, la milicia realista no le era adicta, decretó su desarme. La de Villarreal componía un batallón del que era comandante D. Joaquín Llorens, vecino de la misma: este comunicó la orden a la oficialidad, y en realidad principiaron a presentar las armas. A la sazón, el barón de Hervés alzó la bandera de D. Carlos dentro de la plaza de Morella; y sea que estuviesen relacionados de antes, ó que fuese pensamiento de momento, en lugar del desarme, se pertrecharon lo mejor posible y formado todo el batallón en masa a las órdenes de su citado comandante, fueronse a Morella, en donde su unieron con el referido barón de Hervés, logrando formar entre todos un cuerpo bastante numeroso auspiciado por Carnicer.

Así relata Nebot Climent en sus inéditos Apuntes históricos de Villareal los primeros compases del levantamiento carlista en nuestro pueblo, espoloneado por un personaje tan capital como silenciado de la reciente historia local: Joaquín Llorens.

Él será el primero y más importante de nuestros sublevados; su biografía tiene tantos claroscuros que es muy difícil hacerle un retrato fiel. Como de costumbre, nosotros nos limitaremos a dar algunos apuntes que permitan acercarnos un poco más a su perfil a través de los documentos digitalizados que facilitan las hemerotecas y bibliotecas digitales de referencia (BNE, ARCA, BVPH,…), entre otras webs. En ellas encontraremos datos biográficos, hazañas bélicas, tropiezos políticos… y en el camino nos cruzaremos con otros dos vila-realenses hasta ahora completamente olvidados, también protagonistas de la guerra carlista que, por una u otra razón, dejaron huella en la prensa de la época: Julián Pareja y Jaime Jordá.

Joaquín Llorens Bayer

La genealogía de los Llorens se puede rastrear hasta el siglo XVI, en Nules, desde donde vendrían a afincarse a Vila-real (abcgenealogia.com).

Su padre, Joaquín Llorens Chiva, ocupó varios cargos políticos y militares de relevancia, según se puede leer en la Relación de méritos que se conserva en el archivo de Vila-real, y llegó a ser en varias ocasiones alcalde del pueblo.

Joaquín Llorens Bayer

De uno de los tíos de Llorens Bayer, el presbítero José Antonio Llorens Chiva, relata Benito Traver un revelador episodio que nos da una idea aproximada del poder de la familia Llorens.

Por lo demás, la vida de nuestro protagonista está recogida en varias webs1 y monografías2. Con este dossier sólo pretendemos ilustrar, tal vez enriquecer, dichas biografías con los recortes de prensa que sobre él hemos ido encontrando.

En noviembre de 1833, un mes después del levantamiento carlista, encontramos una temprana referencia que sitúa al brigadier Llorens en Vistabella como uno de “los despreciables caudillos que tienen las gavillas a su cabeza”. (El Vapor, 1833.12.10, pg. 3). Aquí ya se le nombra con uno de los alias con los que se le distinguirá ya para siempre: Alcalde de Villarreal. Tal como asegura Vicent Gil en su monografía, lo más seguro es que el apodo le viniera por ser hijo del que había sido efectivamente alcalde de la ciudad, no porque él mismo lo llegase a ser.

No volveremos a tener noticias suyas hasta enero de 1836, en el que el periódico El Español (El Español, 1836.01.31, pg. 1) dibuja una curiosa semblanza del brigadier, a medio camino entre la animadversión hacia la causa carlista y el reconocimiento de los valores éticos del personaje: “al pasar por esta [Villafranca] el dicho Serrador llevaba á su derecha á uno muy bien vestido de paisano, al que miraba con mucha atención y afecto, y que por su figura manifiesta ser sugeto de fina educación y principios (…); este (…) es el tan nombrado y rebelde exalcalde y excomandante de Villareal (…), es un furibundo carlista bien conocido por su talento previsor (…), que si bien es abominable por su opinión y por sus hechos, no puede serlo por su nacimiento ni por sus circunstancias (…)”.

Por esta misma crónica sabemos que, una vez deshecha la facción de Morella, Llorens había emigrado primero a Francia “y otros países estrangeros” para presentarse después en Navarra ante el pretendiente.

Pero su regreso a España se saldará con una sonada e importante derrota en la batalla de Toga, el 22 de enero de ese 1836, donde el comandante Antonio Buil cercó a las tropas de varios cabecillas carlistas, entre los que se encontraban el Serrador y el Alcalde de Villarreal, que, tras su dispersión, fueron diezmadas de forma considerable, si atendemos a la prensa oficial de la época. (El Español, 1836.01.30, pg. 3 ; El Español, 1836.02.01, pg. 3 ; La Revista española, 1836.02.03, pg. 2 ; La Revista española, 1836.02.04, pg. 1 ; El Nacional, 1836.02.05, pg. 4 ; El Nacional, 1836.02.05, pg. 2 ; La Revista española, 1836.02.24, pg. 2 ; El Nacional, 1836.02.26, pg. 2 ; El Nacional, 1836.03.03, pg. 4 ; El Eco del comercio, 1836.03.09, pg. 2).

Tras días de huida junto al Serrador, Llorens decide cambiar de estrategia y se presenta en Burriana junto a una numerosa facción: no quiere seguir huyendo, prefiere presentar batalla y ganarse La Plana. Empiezan así los primeros roces con su superior (La Revista española, 1836.04.24, pg. 3 ; El Eco del comercio, 1836.04.25, pg. 2). A estas alturas de la guerra, la prensa sigue subrayando las cualidades de Llorens como cabecilla y estratega, así como sus valores humanos.

José Miralles, el Serrador (Wikipedia)

A finales de junio de ese mismo año, su tropa, con más de dos mil hombres, ya opera sin el mando del Serrador y, tras ser rechazada en Xert (El Nacional, 1836.07.05, pg. 3 ; El Español, 1836.07.07, pg. 1 ; El Guardia nacional, 1836.07.07, pg. 4), se dirige a Onda para llegar hasta Vila-real, donde les aguarda Cabrera (El Eco del comercio, 1836.07.28, pg. 2 ; El Eco del comercio, 1836.07.29, pg. 1 ; Gaceta Oficial, 1836.08.19, pg. 3). Al parecer, a partir de entonces establecería su cuartel en los alrededores de Onda (El Castellano, 1837.05.16, pg. 2) y, a pesar de no nombrársele en las crónicas, no es difícil imaginarlo participando en las incursiones que se hacían entonces por la comarca para hacer acopio de suministros (El Español, 1837.05.11, pg. 2-3 ; El Barómetro, 1837.06.09, pg. 3 ; Diario del Gobierno de la República Mexicana, 1837.06.14, pg. 3), o en la visita que el pretendiente hiciera a Vila-real el julio de ese mismo 1837 (El Eco del comercio, 1837.07.13, pg. 4 ; El Español, 1837.07.14, pg. 1 ; El Castellano, 1837.07.15, pg. 3 ; El Eco del comercio, 1837.07.15, pg. 5 ; El Eco del comercio, 1837.07.16, pg. 1).

La pista de nuestro personaje se nos pierde en las hemerotecas en este último periodo de la guerra, cuando precisamente Vila-real, ya lo veremos, fue escenario de varias batallas y escaramuzas importantes. Gracias al trabajo de Antonio Caridad sabemos que por aquellas fechas Llorens cruzó media península defendiendo la causa carlista hasta que se firmara el convenio de Vergara y decidiera exiliarse a Francia.

Regresaría unos diez años después, en 1848, acogiéndose a la amnistía que el Gobierno español había decretado para los mandos carlistas, y recuperando el rango de brigadier pero, esta vez, del lado del ejército isabelino. Al parecer, su recibimiento en Vila-real fue multitudinario (El Balear, 1848.10.26, pg. 2) y, aunque hubo quien aprovechó para ironizar sobre este cambio de bando (El Católico, 1848.10.12, pg. 8), se le consideraba el hombre adecuado para terminar con los carlistas de la zona (El Heraldo, 1848.10.29, pg. 3).

Un inmenso gentío obstruía las calles; todos de tropel y sin distinción de matiz político acudían á ver al jóven brigadier, conocido por el alcalde de Villarreal, gefe carlista y de muy distinguido nacimiento

Todas las biografías y reseñas de Joaquín Llorens nos lo presentan como un hombre de principios, honrado, noble hasta con sus enemigos. Por eso, el episodio más oscuro de su vida tiene tan difícil lectura: el 31 de diciembre de 1848 metió en prisión a once vecinos de Vila-real por considerarlos sospechosos de bandolerismo; la madrugada del dos de enero, ocho de ellos fueron conducidos hasta las afueras del pueblo y fusilados sin contemplaciones. Sus cuerpos sin vida fueron paseados por carro por las calles de Vila-real como advertencia a futuros delincuentes.

Los hechos llegaron hasta el Congreso de Diputados, donde se defendieron dos posturas bien distintas: Llorens actuó oficialmente bajo órdenes de la Capitanía General de Valencia y contra malhechores concretos y bien probados, disparándoles tras un intento de fuga; o se tomó la justicia por su cuenta y se aprovechó de su cargo para saldar antiguas cuentas con enemigos personales que hiciera en Vila-real durante la Primera Guerra Carlista. Sea como fuere, el hecho bastó para poner en duda la validez de la amnistía, la conducta de los hombres que a ella se habían acogido y la conveniencia de “colocar a una persona que tenga resentimientos políticos en el mismo país donde ha combatido por otra causa, donde tiene enemigos y tiene agravios” (La Esperanza, 1849.01.17, pg. 3-4 ; El Popular, 1849.01.17, pg. 1 ; La Patria, 1849.01.17, pg. 3-4).

Nebot Climent denuncia los fusilamientos de Llorens en sus Apuntes históricos de Villarreal (1880)

El mismo Ayuntamiento de Vila-real se posicionó contra esos fusilamientos, quejándose “amargamente de los abusos que, so pretexto de perseguir a los malévolos, comete la persona encargada de su ejecución” y señalando que “en la mano que dirige esto se nota una tendencia política muy marcada, venganzas son particulares, no satisfechas hasta ahora”. Defiende el Ayuntamiento, además, la inocencia de al menos dos de los ajusticiados, Pascual Gasua y Pascual Navarro, cuyo único delito fue el haber defendido la causa isabelina en el conflicto carlista, y acusa a dos de los hombres que no fueron ajusticiados, Manuel Benedicto y Juan Ballester, de ser efectivamente malhechores, pero haberse salvado de la pena máxima por sí ser ambos carlistas (El Clamor público, 1849.01.17, pg. 2-3). Este comunicado oficial del Ayuntamiento obtendría una indignada respuesta de Andrés Font de Mora y Gamboa, abogado, político y familiar de Llorens, defendiendo la integridad del acusado (La Esperanza, 1849.02.03, pg. 3). Un cruce de reproches, en fin, que dibuja el complicado y conflictivo estado de alarma en el que vivía continuamente la Vila-real dividida de aquellos años.

Pronto se denunciarán por otros rincones del país acciones semejantes a la de nuestro brigadier (La Esperanza, 1849.01.19, pg. 1 ; El Clamor Público, 1849.01.21, pg. 3 ; La Esperanza, 1849.01.23, pg. 4 ; El Clamor público, 1849.03.22, pg. 2 ; La Nación, 1849.07.24, pg. 4 ; El Observador, 1849.07.26, pg. 2 ; La Nación, 1849.07.28, pg. 1 ; La Nación, 1850.05.18, pg. 3). Además, la dudosa actuación de Llorens se utilizará de forma interesada como justificación del aumento de facciones carlistas en la zona (El Católico, 1849.01.27, pg. 8).

El general Peray será el encargado de la formación de la causa sobre los fusilamientos de Vila-real y, si bien al principio se tenía mucha fe en sus diligencias (El Observador, 1849.01.31, pg. 2 ; El Popular, 1849.02.01, pg. 4 ; El Popular, 1849.02.06, pg. 4), pronto caerá el desánimo ante la lentitud del procedimiento (El Observador, 1849.02.12, pg. 2 ; El Clamor público, 1849.03.18, pg. 3), hasta el punto de que el diario progresista El Clamor público aprovechó la impunidad de Llorens para acusar directamente al Gobierno y lanzar una agresiva campaña de desgaste contra él (El Clamor público, 1849.06.02, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.07.19, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.08.01, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.08.02, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.08.03, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.10.30, pg. 2 ; El Clamor público, 1851.05.27, pg. 1).

Mientras tanto, en lo que podríamos entender como un pulso a las voces liberales o un gesto de confianza para con el acusado, Juan Villalonga ,Capitán General de Valencia, propone a Llorens para el cargo de Mariscal de Campo, lo que levanta no pocas suspicacias (La Esperanza, 1849.02.28, pg. 3 ; El Católico, 1849.03.01, pg. 8), más aún teniendo en cuenta que, todavía con la causa abierta contra él, sigue realizando dudosas detenciones a progresistas de la región (La Nación, 1849.05.18, pg. 3), e incluso “haciendo sin duda alarde de poder y de influencia con las autoridades superiores, continuó su comisión desterrando del pueblo a D. Pascual Nebot Climent, administrador de correos; a D. Domingo Chillida Gavaldá, alcalde; al presbítero D. Domingo Chillida Renau; al 2º alcalde, D. Pedro Roca Cubero; a D. Pedro Bayarri Benedito, que fue después Ministro de Marina, y otros” 3.

Así las cosas, el ambiente en Vila-real, donde todos recelaban de todos, estalló en las elecciones de aquel 1849: en el triunfo de los realistas se ve la mano negra del brigadier, al parecer, demasiado inmiscuido en cuestiones políticas, y será el propio Capitán General, que lo acababa de proponer para Mariscal de Campo, quien le ordenará que repliegue su tropa a Sagunto y vaya a Valencia a recibir órdenes (El Católico, 1849.11.07, pp. 7-8). Acto seguido, bien sea por el tirón de orejas que le dieran en capitanía general, bien por su causa abierta por los famosos fusilamientos, Llorens presentará su dimisión (La Nación, 1849.11.13, pg. 2), a pesar de la cual, su empleo de brigadier no quedará vacante hasta su fallecimiento, en 1863 (La Época, 1863.11.23, pg. 3).

Tras su muerte, el legado conservador de los Llorens tendrá continuidad en el primogénito del brigadier, Joaquín Llorens y Fernández de Córdoba. Militar, diputado jaimista, responsable de la organización nacional de los requetés y alcalde de Ontinyent, queda fuera del alcance de estos dossiers al haber nacido ya en Valencia.

Joaquín Llorens y Fernández de Córdoba (primero desde la izquierda) junto al pretendiente Jaime de Borbón (penúltimo) en San Juan de Luz (Wikipedia)

 

Julián Pareja

Otros cabecillas menores salieron de nuestras calles a defender la causa carlista, pero no tuvieron tanto renombre como Joaquín Llorens. Uno de ellos fue Julián Pareja, del que no sabemos si guarda relación con el escribano homónimo de Vila-real4.

Lo que sí hemos encontrado en varias fuentes es que estudió junto a Ramón Cabrera, el legendario cabecilla carlista, y que ambos jugaban compitiendo a pedradas como jefes de los bandos tortosí y valenciano, respectivamente:

“Era tradicional costumbre — terminadas las clases — reunirse los estudiantes por las tardes en el valle de Remalillos, pasada la puerta del Rastre. Jugaban al marro, a la “cossa” — la coz, o sea la jaliba — y sobre todo a la pedrea, llamada también — y no a humo de pajas — quebrantahuesos. El patriotismo local, que encarna la famosa frase: “Som tortosíns; ni catalans ni valencians”, deslindaba “ipso facto” los campos. De un lado los del pueblo, mandados por Cabrera, del otro los valencianos, por Julián Pareja, hijo de Villarreal de la Plana. Restallaban las hondas, y allí iban por los aires peladillas de arroyo más espesas que pedrisco. Si la cosa se ponía fea para Tortosa, Ramonet [Cabrera] se terciaba el manteo, encasquetábase bien el “tricuspis” y, echando chispas por los ojos: “Endavant, minyons — gritaba — duro amb aquests Madres!”, y con su garrote, decidía la victoria a linternazos.” (Destino, 1940.02.10)

Cabrera en su época de estudiante (Museo del estudiante)

Ya como comandante carlista, en julio de 1837, Julián Pareja protagonizó alguna que otra escaramuza en Vila-real en la que acabaron fusilados varios vecinos, tal como apunta Martí Cercós en su Historia de Villarreal. Por las fechas en las que actuó y los lugares que frecuentó, es fácil imaginar a Pareja compartiendo batallas y rancho con Joaquín Llorens durante los años que éste anduvo por Onda, recaudando provisiones para la causa (La Estafeta, 1837.11.22, pg. 5).

Fue precisamente en las inmediaciones de Onda donde, un 14 de febrero de 1838, le hicieron preso, requisándole una orden en la que el propio Cabrera le pedía 250 arrobas de cobre. Para entonces, Pareja ostentaba el cargo de Jefe de la Plana Mayor (La Estafeta, 1838.02.22, pg. 2 ; Gazeta de Madrid, 1838.02.22, pg. 3).

Se le juzgará en Vila-real el 27 de ese mismo mes de febrero, acordándose el sobreseimiento de la causa (El Correo nacional, 1838.03.11, pg. 1 ; El Eco del comercio, 1838.03.12, pg. 2). Una vez puesto en libertad, lo único que sabemos de él es que continuará con su campaña de abastecimiento para la milicia carlista, dejando tras de sí muertes, secuestros y desorden (El Correo nacional, 1838.12.20, pg. 1 ; El Pilot, 1840.01.30, pg. 4).

Jaime Jordá

Mucha menos información tenemos del que fuera fraile y guardián del convento de Morella, Jaime Jordá. Como secretario del Serrador en la Primera Guerra Carlista, es casi seguro que coincidiera con sus vecinos Llorens y Pareja. Al parecer estuvo también exiliado en Francia, pero regresó sin pasaporte, al no acogerse a la amnistía, y se unió a las filas de El Groc de Forcall.

De Fray Jordá sabemos que fusiló al alcalde de Villanueva de Alcover y que se encargaba de reclutar voluntarios a la causa hasta que cayó preso en Benassal (El Eco del comercio, 1842.12.16, pg. 2 ; El Corresponsal, 1843.01.09, pg. 3). El Groc, una vez enterado de su captura, amenazó con “que si se le quita la vida, fusilará a cuantos coja de Castellón” (El Constitucional, 1842.12.29, pg. 1).

Al contrario que a Pareja, a Jordá sí le hicieron un consejo de guerra, del que saldrá condenado a muerte (El Corresponsal, 1843.01.29, pg. 1). Tras pasar por capilla, sería fusilado el 22 de febrero de 1843 (El Corresponsal, 1843.02.27, pg. 3 ; El Católico, 1843.03.09, pg. 7 ; El Archivo del ejército, 1843.06.04, pg. 5).

En líneas generales, estas fueron las vidas de tres vila-realenses que defendieron incluso hasta la muerte la legitimidad de Carlos V. Tres personajes de los que hemos podido rescatar nombres y hechos, pero que sólo ilustran una mínima parte de lo que significaron aquellas guerras carlistas para nuestro pueblo. Quedan en el anonimato los centenares de víctimas y verdugos vila-realenses de ambos bandos que no dieron titulares de prensa, pero que marcaron la historia de nuestro s. XIX. Ellos y ellas, junto a otros hechos que iremos desmenuzando en los próximos dossiers, alimentaron poco a poco la legendaria fama del carlismo fanático de Vila-real.

El activismo carlista de la Iglesia caricaturizado en La Flaca (Wikipedia)

1Real Academia de la Historia, www.carlismo.es

2 Gil Vicent, V. Joaquín Llorens y Bayer (1807-1863) : un militar olvidado por la historia – Vila-real: Ajuntament, 2006. Caridad Salvador, A. Cabrera y compañía : los jefes del Maestrazgo al frente del carlismo (1833-1840) – Zaragoza: Institución Alfonso el Magnánimo, 2014

3 Nebot Climent, L. Apuntes históricos de Villarreal (inéditos), pp. 280 – 281

4 Carceller Safont, M. “Relació de documents sobre Vila-real de l’Arxiu històric diocesà de Tortosa (I)”, en Font, n. 16, pg. 239

 

Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google photo

Esteu comentant fent servir el compte Google. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s

Aquest lloc utilitza Akismet per reduir els comentaris brossa. Apreneu com es processen les dades dels comentaris.