El folclore de Vila-real en el Fondo de Música Tradicional IMF-CSIC

Por Ángel Pozo y Christine Sétrin, Biblioteca de Vila-real

Una de las partituras conservadas en el CSIC

Queremos con este dossier dar difusión de una interesante colección de partituras que de nuestro folclore conserva el Fondo de Música Tradicional IMF-CSIC, recogidas gracias a las Misiones que el antiguo Instituto de musicología del CSIC llevó a cabo entre 1944 y 1960.

Las Misiones de Vila-real, las M26 y M34, fueron realizadas por Ricardo Olmos Canet durante 1947 y 1948, y tuvieron como informantes a vecinos del pueblo de distintos estratos sociales. Así, tenemos a Concepción Beltrán Ramos (1896-1988), una reconocida pintora local, alumna de Juan Bosch, por cuya academia pasaron varias generaciones de vila-realenses. De enorme cultura e inquietudes intelectuales, colaboró con su tío, Benito Traver en la elaboración de la Historia de Villarreal. Junto a ella encontramos dos músicos, Bautista Ortells Costa (1884-1967) y Vicent Cantavella Girona, conocido popularmente como Gedeón (1904-1985), un labrador (Pascual Monzó Nevot [sic]) y una joven estudiante (Carmen Miró Bort).

En total se recogieron alrededor de treinta melodías populares de diferentes categorías: nanas, canciones de era, juegos infantiles… Para hablar más detenidamente de ellas hemos contado con la desinteresada colaboración de Alejandro Torres, del Grup de Danses El Raval, uno de los mayores defensores y divulgadores de nuestro patrimonio musical.

Bautista Ortells, Concepción Beltrán y Vicent Cantavella, Gedeón

El corpus más numeroso de las melodías del fondo del CSIC lo forman las canciones infantiles. A esta categoría podemos adscribir, por ejemplo, Aboredó (deformación de A bou redó) Plou, plou, molí nou, Gerretes de Sant Miquel, Al carrer major, La lluna, la pruna, Xim, xim, caragols, Pis, pissiganya, Tirorí, Roda la mola, Pedra redonda o Dalt d’un pi.

En sus manuscritos, Olmos se refiere a ellas con anotaciones del tipo: “juego para entretener a nenes pequeños”, “juego de niños”, etc. (es curioso el comentario que hace sobre La lluna, la pruna: “La cantan los niños la noche de luna llena”). Por lo general, son melodías muy poco desarrolladas, algunas simulan casi una especie de declamación ritmada (Gerretes de Sant Miquel, Tirorí), o combinan directamente música y recitado (A bou redó).

Muchas de estas canciones acompañaban a los pequeños en juegos relacionados a menudo con el ritmo (la comba, juegos de corro, etc.), de ahí que el elemento rítmico de las canciones adquiera más importancia que la propia letra, en la que entran incluso expresiones infantiles sin sentido.

Gracias a que han ido apareciendo cancioneros posteriores, podemos comparar las transcripciones que en ellos aparecen con las que realizara Olmos para el Instituto de musicología. No venimos a decir aquí que las versiones de unos u otros estén más o menos ajustadas a la realidad, tan solo queremos constatar diferencias entre ellas. De hecho, en música popular no podemos hablar de distintas versiones de una misma melodía, ya que eso sería asumir que existe un modelo original, terminado y cerrado, de dicho tema, algo que se aleja mucho de la naturaleza real de estas manifestaciones musicales.

Tomemos como ejemplo las versiones que disponemos de A bou redó (Aboredó, en Olmos) para comprobar las variantes que una melodía tan sencilla puede presentar:

Ya desde el principio se hace evidente el distinto tratamiento rítmico que recibe la melodía en cada antología, algo que afecta directamente a la acentuación del texto; además, los contornos melódicos son descaradamente distintos para la segunda parte de la letra (“la blanca jua, la negra no”), acentuándose en la frase final, donde Martí elabora una cadencia clásica poco común en este tipo de canciones, y Olmos, en las antípodas, abandona esas cuatro últimas sílabas directamente al recitado.

Para hacernos una idea de cómo sonaría cada versión, ofrecemos a continuación la recreación en formato MP3 de cada una de ellas (las de Gimeno y Torres son idénticas, por lo que las damos como una sola).

A bou redó (Olmos) (no se transcribe el recitado)

A bou redó (Gimeno / Torres)

A bou redó (Martín)

Que una canción tan breve y sencilla de pie a tres modelos rítmico-melódicos distintos demuestra lo vulnerable que es el repertorio oral a cambios y transformaciones. Destaquemos, además, que los cancioneros de Gimeno, Martín y Torres son casi coetáneos (1998-1999), por lo que el factor cronológico no es aquí determinante a la hora de justificar sus diferencias.

Es curioso comprobar que, a pesar de ser “la canción más popular en este pueblo”, Olmos registrara La Tana bajo el título “Ball de l’anguila”. A pesar de esta confusión, su transcripción es bastante fiel a la melodía tal como la conocemos hoy.

Del resto del catálogo del CSIC destacan una canción de cuna, tres Cançons de batre y algunas piezas instrumentales (Ball dels nanos, Dansa de cavallets, y una tocata y dos marchas de procesión).

La Cançó de bressol resulta interesante en cuanto que se ha venido conservando oralmente como pocas otras: registrada por Olmos en 1948, aún podía escucharse casi idéntica bien entrado el siglo XXI, tal como atestigua la transcripción de Alejandro Torres. Su melodía se divide en dos partes bien diferenciadas, y así figura en la versión de Olmos: una de canto más libre, a placer del intérprete; y otra ya con marcado ritmo de tres tiempos. Según el propio Torres, es fácil rastrear en esta nana la estructura de jota vallera, esto es, con el primer y cuarto versos truncados.

Aquí, tal como la transcribió Olmos:

Y en el siguiente vídeo, una interpretación actual de la misma:

Esta nana comparte con los tres modelos de Cançons de batre el llamado “equívoco tonal” , tan propio del folclore mediterráneo, y una libertad melódica típica de canto de solista.

De las canciones de era llama la atención la catalogada por Olmos con el número 200, ya que en ella se inspira Goterris al escribir el himno de la ciudad. Este enriquecedor préstamo (una canción de campo insertada en el momento en que el himno ensalza, precisamente, la figura de los labradores locales) ya quedó apuntado por el propio Gimeno y está suficientemente estudiado por Borja Muñoz en su blog (Re)conèixer.

Para comprobar lo que decimos, escuchemos primero la Cançó de batre según la versión transcrita por Olmos

Y comparémosla con la copla del himno de Goterris (a partir del 1’45’’ del vídeo)

La información sobre Ball de nanos, Dansa de cavallets, Tocata i Marxes de processó i Jota de quintos la hemos extraído directamente de conversaciones con Alejandro Torres. A su reconocida experiencia en el campo debemos las anotaciones que siguen.

El Ball de nanos i la Dansa de cavallets son danzas rituales y procesionales directamente vinculadas a la celebración del Corpus, aunque también se podían interpretar en otras ocasiones señaladas (proclamaciones, bodas y visitas reales, fiestas patronales…).

La melodía del Ball de nanos comparte las dos primeras partes con la que se conserva en el Corpus de la ciudad de Castellón. La transcripción de Olmos, más completa, añade una última parte a modo de “fandanguillo” parecida a la de la Dansa dels nanos de Valencia.

Por lo que respecta a la Dansa de cavallets, es ésta una melodía documentada solamente en Vila-real. La transcripción del CSIC, siempre en opinión de Torres, está regularizada a compás binario, cuando lo que se observa en esta y otras melodías similares es una clara tendencia a los ritmos aksak, que presentan una mayor irregularidad muy común en la música antigua valenciana, principalmente en el repertorio de dulzaina.

El mismo proceso de regularización rítmica lo encontraríamos en el Toc de processó, escrito en compás binario, cuando le correspondería el 7/8 tradicional de procesiones valencianas.

Las marchas de procesión eran principalmente melodías militares o piezas propias de banda de música que se adaptaban al contexto procesional directamente, por lo que, aun sin tener estricto origen tradicional, terminaban arraigando en el folclore popular.

La Jota de quintos que transcribe Olmos es sólo una de las numerosas melodías que se hacían servir en Vila-real para acompañar la despedida de los quintos. Para Torres, esta canción responde a una tonada de jota con algunos desajustes de estructura y ritmo: la jota de nuestra zona se compone habitualmente de siete versos, por eso es probable que a la transcripción de Olmos le falte el verso inicial. Seguramente, conjetura Torres, esta alteración estaría provocada por el hecho de que la transmisión se realizaría fuera de contexto y sin su acompañamiento instrumental propio.

El fondo de partituras del CSIC se completa con alguna canción festiva y tres partituras, cuanto menos llamativas, que nos acercan a aspectos sociales de nuestro pueblo: un canto de sereno (posiblemente anecdótico, individual, pues Gimeno registra otro distinto), una oración para pedir limosna y el toque de ángeles propio de Vila-real, es decir, el “repique de campanas por la muerte de un niño”, que era diferente en cada pueblo.

Muchas de las melodías que atesora el CSIC sobre nuestro folclore son aún reconocibles e incluso siguen vivas hoy: canciones y juegos infantiles, danzas… algunas transmitidas de generación a generación, pero muchas otras, no lo pasemos por alto, gracias al trabajo de aquellos que, como Olmos, se dedicaron y se dedican a salvar del olvido estas manifestaciones culturales que son parte de nuestra identidad como pueblo.

Como curiosidad, dejamos aquí los audios de otras melodías también significativas del corpus del Fondo de Música Tradicional IMF-CSIC

Bibliografía

· Torres Tomás, A. Cançons de la Vila — Vila-real : Grup de danses “El Raval”, D.L. 1998 (Imprenta Sichet).

· Gimeno i Estornell, E.M. y Gimeno i Vidal, D. La cançó popular en la primera meitat del segle XX a Vila-real : recopilació, transcripció i anàlisi de la vida i costums del poble reflectits en les lletres de les cançons.– Vila-real : Ajuntament, 1998.

· Martín Reverter, M. y Martín Benlloch, J.L. Cancionero de Villarreal : (cançons populars valencianes) — Vila-real : Ayuntamiento, Delegació de Cultura, [1998].

Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

José María Doñate Sebastià, historiador i artista plàstic (1921-1996)

Foto : Vilapèdia

Vila-real y la cuestión carlista (III)

Vila-real, escenario de guerra

Por Ángel Pozo y Christine Sétrin, Biblioteca de Vila-real

Ch. Vanzeller, Lancero carlista (Museo Zumalacárregui)

Si en la anterior entrada sobre las guerras carlistas nos centrábamos en tres de los muchos vila-realenses que las protagonizaron (Joaquín Llorens, Julián Pareja y Jaime Jordá), en esta sacaremos a relucir algunos de los enfrentamientos directos que tuvieron Vila-real como campo de batalla, y donde nuestro pueblo no haría más acrecentar su fama tradicionalista.

Es importante insistir en que la prensa consultada es ante todo oficialista, por lo que tiende a dramatizar los hechos con fines propagandísticos y a criminalizar las acciones de los carlistas, así como a aplaudir los mismos delitos cometidos por el bando isabelino. Queremos decir con esto que las noticias que traemos aquí hay que tomarlas con precaución y entenderlas en su contexto histórico y político.

Ya en los primeros compases de la contienda, en abril de 18341, Vicente Puchol, comandante de nuestra milicia urbana, quien ya fuera protagonista secundario de nuestro Gargot Vila-realenc “El vapor Villarreal (1869 – 1908)”, capturará a dos vila-realenses sublevados conocidos como el Virgo y el Carnicer, “dos ex voluntarios realistas de Villarreal, indultados por haber correspondido a la facción de Morella [siguiendo al brigadier Llorens], y que ingratos a este beneficio volvieron a tomar las armas contra su legítima Reina” (1834.04.14 La Revista española, pg. 4 ; 1834.04.25 Diario balear, pg. 3). Será la primera contienda entre vila-realenses de ambos bandos.

Pero será en agosto de 1835, con la llegada de las tropas de El Serrador, cuando las calles de Vila-real protagonizarán la primera escaramuza seria. El episodio lo narra Nebot Climent y, a pesar de sus trágicas consecuencias, pues resultó fusilado el alcalde del pueblo, Vicente María Esteban, es curioso comprobar que apenas si hay una tímida referencia en la prensa de la época (1835.08.11 Eco del Comercio, pg. 3).

Más atención se le prestará el año siguiente a los movimientos de Cabrera por nuestras tierras, aunque, como declara uno de los rotativos, la información será en un principio contradictoria, por lo que las primeras noticias le sitúan a caballo entre Onda, Alcora, Nules, Vila-real y Almazora… Lo que sí parece cierto es que todo respondía a una estrategia del bando carlista para reunir en la zona a varias tropas (entre las que se encontraba la de Joaquín Llorens, conocido como el Alcalde de Villarreal), todas ellas capitaneadas por Cabrera (1836.07.23 El Eco del comercio, pg. 4 ; 1836.07.24 El Español, pg. 1 ; 1836.07.27 El Español, pg. 3 ; 1836.07.28 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1836.08.19 Gaceta Oficial, pg. 3).

Cabrera seguirá merodeando nuestra comarca durante meses, y todavía a principios del siguiente año se le sabe cerca de Vila-real (1837.01.30 El Eco del comercio, pg. 1). A partir de aquel 1837 nuestro pueblo se convertirá en escenario habitual de batallas, escaramuzas y saqueos. Por aquellas fechas, la prensa ya señala que era habitual “el haber estado [las tropas facciosas] con tranquilidad en Villarreal” (1837.03.18 Revista nacional, pg. 2), con lo que el pueblo iba ganándose, poco a poco, aquella fama de carlista que vimos en el primer dossier de la serie (Vila-real y la cuestión carlista : Villa santa , Villa republicana).

Así, ese mismo abril, el comandante Antonio Buil salió de Castellón para hacer frente a la facción de El Serrador que tenía tomada Vila-real. El encuentro, cuya crónica se puede leer en algún periódico de entonces (1837.04.12 El Castellano, pg. 2) se resolvió a favor de los isabelinos (1837.04.12 El Castellano, pg. 3), pero no evitó que se siguieran cometiendo incursiones de los carlistas en nuestro pueblo en busca de víveres (1837.05.11 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1837.05.11 El Español, pp. 2-3), algunas de ellas protagonizadas por el recientemente vapuleado Serrador (1837.05.16 El Castellano, pg. 2 ; 1837.07.13 El Eco del comercio, pg. 1).

López Portaña, El infante Carlos María isidro de Borbón (Wikipedia)

Aquella reputación de tradicionalista explicaría que el 7 de julio de 1837 pernoctara aquí el pretendiente carlista al trono, Carlos María Isidro de Borbón, con el consecuente movimiento de tropas de uno y otro bando. Aunque el hecho no tuvo gran importancia estratégica, la prensa nacional no dudó en hacerse eco de la noticia : 1837.07.13 El Eco del comercio, pg. 4 ; 1837.07.14 La Estafeta, pg. 4 ; 1837.07.14 El Español, pg. 1 ; 1837.07.14 El Español, pp. 2-3 ; 1837.07.14 El Eco del comercio, pp. 1-2 ; 1837.07.15 El Castellano, pg. 3 ; 1837.07.15 El Eco del comercio, pg. 5 ; 1837.07.16 El Eco del comercio, pg. 1 ; 1837.07.25 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1837.11.14 Diario del Gobierno de la República Mexicana, pg. 2.

Para hacernos una idea del seguimiento que el carlismo tenía entre nuestros antepasados, un solo dato: cuando, ese mismo mes de julio, la tropa de El Serrador se descompone, son 44 los vila-realenses que salen de sus filas para entregarse ante la justicia, “a los cuales regularmente seguirá un número más crecido” (1837.07.25 La Estafeta, pg. 5 ; 1837.07.29 El Eco del comercio, pg. 3).

Durante los últimos meses de aquel año se suceden varias campañas de aprovisionamiento en la comarca, y Vila-real no será ajena a ellas. De nuestras casas sale trigo, ganado, alubias… camino a Cantavieja, donde corren rumores que ha llegado el pretendiente después de su estancia aquí (1837.08.01 El Español, pg. 2 ; 1837.08.04 El Español, pg. 3 ; 1837.11.09 La Estafeta, pp. 2-3), lo que supone un trasiego significativo de tropas carlistas e isabelinas que derivará en un importante asedio a Vila-real (1837.08.09 La Estafeta, pg. 2 ; 1837.09.27 El Español, pg. 2 ; 1837.11.09 El Eco del comercio, pg. 3 ; 1837.11.22 La Estafeta, pg. 5 ; 1837.11.25 El Eco del comercio, pg. 1 ; 1837.12.07 El Español, pg. 2 ; 1838.01.10 El Eco del comercio, pg. 2), desde donde los facciosos se hacen fuertes y siguen sumando provisiones:

Desde el lunes estamos bloqueados por los facciosos, que situados en Villarreal no hacen más que robar á todos los pueblos cuantos comestibles pueden sacar para la montaña. Ayer nos cortaron el agua pensando sin duda que nos moriremos de sed, pero se equivocan. (1837.11.09 El Eco del comercio, pg. 4)

La retirada de las tropas carlistas en enero de 1838 (1838.01.15 El Eco del comercio, pg. 2) no impide que el pueblo siga siendo guarida ocasional de algunos cabecillas y objeto permanente de saqueo.

Efectivamente, la prensa informaba en marzo de que Forcadell y Cabrera merodeaban por las inmediaciones de la vila, “con cuyo motivo se aumentaron aquella noche los retenes en esta ciudad y se redobló la vigilancia” (1838.03.24 El Castellano, pg. 3 ; 1838.03.25 El eco del comercio, pg. 1), lo que no evitaría el secuestro de nuestro alcalde “por no haber aprontado el pedido de raciones” (1838.04.03 El Castellano, pg. 3 ; 1838.04.04 El Correo nacional, pg. 1), un alarmante dato que no hemos podido contrastar en ningún otro documento y que llama la atención más aún si tenemos en cuenta que en aquellas fechas rondaban por Vila-real las tropas del general Marcelino Oráa, tratando de cercar a las de Cabrera (1838.04.07 El Correo nacional, pg. 1 ; 1838.04.11 El Castellano, pg. 3 ; 1838.04.17 El Amigo del pueblo, pg. 27 ; 1838.05.26 El Eco del comercio, pg. 2).

De hecho, aquel segundo semestre de 1838 resultó ser especialmente convulso: por Vila-real se dejaron ver jefes carlistas como Forcadell, El Rufo, Merino, Lluc, La Cova, el vila-realense Pareja o Viscarro (1838.05.31 La Verdad, pg. 3 ; 1838.06.06 El Correo nacional, pg. 1 ; 1838.06.06 El Castellano, pg. 3 ; 1838.07.21 El Correo nacional, pg. 2 ; 1838.07.27 El Castellano, pg. 3 ; 1838.10.13 El Castellano, pg. 3 ; 1838.10.17 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1838.10.17 El Castellano, pg. 4 ; 1838.10.19 El Correo nacional, pg. 2 ; 1838.10.23 El Castellano, pg. 3 ; 1838.11.22 El Correo nacional, pg. 2 ; 1838.12.02 El Correo nacional, pg. 1 ; 1838.12.20 El Correo nacional, pg. 1), con la consecuente persecución del bando isabelino (1838.06.06 El Castellano, pg. 3 ; 1838.07.27 El Castellano, pg. 3 ; 1838.07.28 El Correo nacional, pg. 2 ; 1838.08.02 El Atlante, pg. 1).

Pero el episodio más negro de aquel año, del que, curiosamente, tan solo El Eco del comercio daría algún dato mínimo, lo firmó el mismísimo Ramón Cabrera: “23 de agosto: […] entró en Villarreal a las doce de la noche, y esta mañana al romper el día ha emprendido su marcha por el camino de Valencia, sin que por ahora se sepa cuál sea el objeto de esta incursión” (1838.08.30 El Eco del comercio, pg. 2). Pues bien, será Nebot Climent quien nos despejará la incógnita: “A las dos de la mañana del siguiente día, 23, se fueron los carlistas; y al salir conducieron [sic] al alcalde primero D. José Llorca y secretario D. José Sabater, al mismo punto de la torre y junto á la acequiola [sic], donde fueron fusilados”.

Juan Van Halen y Sartí (Museo Naval de Madrid).jpg
Juan Van Halen y Sartí (Wikimedia)

Es extraño que este doble crimen, con la carga propagandística que conlleva, pasara de puntillas ante la prensa oficialista, saturada por aquel entonces de noticias sobre secuestros, saqueos, asesinatos… (1838.10.17 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1838.10.24 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1838.10.31 El Eco del comercio, pg. 2), de entre las que destacará la del asedio carlista que sufriría Vila-real aquel noviembre y que movilizó a la división de Borso (1838.11.03 El Correo nacional, pg. 2 ; 1838.11.05 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1838.11.11 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1838.11.15 El Correo nacional, pg. 1 ; 1838.11.21 El Castellano, pg. 3).

Corrían los primeros días de 1839 y por Vila-real seguían apareciendo tropas carlistas en busca de víveres, caballos, enseres… tal era el abuso que el hartazgo empezaba a hacer mella en un “pueblo esquilmado ya por tantas veces” (1839.01.18 El Guardia nacional, pg. 4 ; 1839.01.27 El Correo nacional, pg. 1 ; 1839.01.31 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1839.03.21 El Piloto, pg. 3). De nuevo, tropas rebeldes e isabelinas se iban alternando en la plaza de nuestro pueblo: el mismísimo general en jefe Van Halen, todo un personaje novelesco2 cuya biografía salta de país en país, de ejército a ejército, cosechando siempre victorias y reconocimientos, pernoctó en Vila-real aquel 2 de febrero para escoltar un convoy de 130 carros y 600 acémilas camino de Lucena (1839.02.10 El Correo nacional, pg. 3 ; 1839.02.13 Nosotros, pg. 3 ; 1839.02.14 El Correo nacional, pg. 1 ; 1839.02.14 El Correo nacional, pg. 2).

Hay que tener en cuenta que, además de las acciones emprendidas en nuestro pueblo, hubo otras que indirectamente también afectarían a los vila-realenses, como el intento por parte de Martín Gracia de bloquear Onda imponiendo castigos (apaleamiento a los hombres y corte de pelo para las mujeres) a quienes fueran sorprendidos a menos de una legua de esa población (1839.05.31 Diario de Barcelona, pg. 15).

Por lo demás, 1839 transcurrió para Vila-real en un ir y venir de tropas de ambos bandos: persecuciones, saqueos puntuales, maniobras… aquel verano, por ejemplo, fue la tropa de Aragón, conducida por el general en jefe Leopoldo O’Donell, la que pernoctó aquí en su camino hacia Lucena, donde vencería a Ramón Cabrera (1839.06.05 El Corresponsal, pg. 2 ; 1839.07.12 El Corresponsal, pg. 4 ; 1839.07.14 El Eco del comercio, pg. 2 ; 1839.07.20 El Correo nacional, pg. 2 ; 1839.07.22 El Castellano, pg. 3 ; 1839.07.24 El Piloto, pg. 3).

La primera guerra carlista daba sus últimos coletazos. El Convenio de Vergara, confirmado el 31 de agosto de 1839, apagaría los ánimos carlistas, que irían perdiendo plaza tras plaza. Sabemos que aquel mismo mes de agosto se produjo la detención de cuatro facciosos en Vila-real (1839.08.03 El Correo nacional, pg. 3). Por otra parte, y en un intento de encauzar la normalización, se disponen multas económicas para indemnizar a las víctimas de los saqueos carlistas. Así, Antonio Moncada, vecino de Vila-real, recibirá “por el robo que la facción la causó en su casa” un total de 1500 reales (1839.12.06 El Eco del comercio, pg. 2).

Aun así, fueron muchos los carlistas que no aceptaron aquel convenio y siguieron luchando por su causa: Forcadell, Martín Gracia, Julián Pareja o Vicente Barreda, alias La Cova, fueron algunos de los cabecillas que continuaron secuestrando, fusilando y robando por nuestro pueblo (1839.12.19 El Correo nacional, pg. 2 ; 1839.12.21 El Castellano, pg. 3 ; 1839.12.26 El Correo nacional, pg. 2 ; 1840.01.04 El Eco del comercio pg. 1 ; 1840.01.08 El Corresponsal, pg. 2 ; 1840.01.26 El Correo nacional, pg. 1 ; 1840.01.30 El Piloto, pg. 4 ; 1840.02.18 La Tribuna, pg. 2 ; 1840.02.21 El Corresponsal, pg. 3 ; 1840.02.22 El correo nacional, pg. 1 ; 1840.02.22 El Correo nacional, pg. 1b ; 1840.02.27 El Correo nacional, pg. 1).

H. Wilkinson, Vista de Vergara (Museo Zumalacárregui)

Pero Cabrera estaba de retirada, la causa carlista perdía a su mejor hombre en Castellón. Pocas noticias más nos llegarán de Vila-real sobre esta primera guerra. El pueblo empieza a perderle miedo a los facciosos, y las mercancías ya se mueven con más normalidad en la comarca (1840.02.22 El Correo nacional, pg. 1); unos 800 carlistas presos pasarán por nuestro pueblo de la mano de Francisco Javier Saravia, comandante general (1840.02.28 El Eco del comercio, pg. 2). Definitivamente, y como prueba de que el ambiente bélico se esfumaba, aquel agosto de 1840 se reanudaba nuestra feria anual, después de varios años suspendida por la guerra, y se restablecía el correo terrestre (1840.08.08 El Correo nacional, pg. 3).

Terminada esta primera guerra carlista, el regimiento de Cazadores de Oporto, formado sobre todo por piamonteses y genoveses, permanece en la provincia a la espera de una licencia que nunca llega. Si bien en otros pueblos como Nules esta presencia extranjera acarreará altercados con víctimas, en Vila-real, pasando por alto los problemas económicos propios de mantener un batallón, el regimiento será visto con buenos ojos principalmente por su “comportamiento religioso” (1841.04.14 El Correo nacional, pg. 1 ; 1841.04.21 El Correo nacional, pg. 1).

Por lo demás, la complicada situación de post guerra dará para algún que otro episodio protagonizado por aquellos carlistas que no aceptaron las condiciones del Abrazo de Vergara: el fusilamiento, en 1843, del vila-realense Jaime Jordá (que ya vimos en la entrada Tres nombres propios : Joaquín Llorens, Julián Pareja y Jaime Jordá) o la tropa que de aquí salió al alcance de La Cova (1843.10.26 El Católico, pg. 8), sumado a algunos tímidos movimientos que hacían sospechar la reagrupación del ejército carlista (1845.07.13 El Clamor público, pg. 3) son las únicas noticias que encontramos sobre Vila-real antes de que estallara la Segunda Guerra Carlista.

Centrada sobre todo en Cataluña, esta segunda contienda apenas deja en nuestro pueblo un par de notas de prensa: 1848.10.01 El Heraldo, pg. 2 ; 1849.04.27 El Católico, pg. 8.

La tensa calma que traería la amnistía se vio salpicada por los fusilamientos que ordenara el brigadier Joaquín Llorens en 1849, un duro ejemplo del complicado equilibrio de odios y rencillas que se vivía en aquellos años. La paz se apuntala a golpe de ejecuciones y castigos sin consideración (1851.02.08 La España, pg. 1 ; (1854.08.23 La Época, pg. 4 ; 1854.08.26 La Nación, pg. 3).

Los efectos de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) en Vila-real fueron residuales. Encontramos sobre todo noticias del vandalismo al que se estaban dedicando principalmente las tropas facciosas, con el que intentaban incomunicar o desabastecer a los pueblos: asaltos al correo (1872.05.25 La Correspondencia de España, pg. 3), sabotajes en vía férrea y estaciones de ferrocarril (1873.08.14 La Lucha, pg. 3 ; 1873.09.03 La Paz, pg. 2 ; 1873.09.20 El Independiente, pg. 2 ; 1873.11.22 El Constitucional, pg. 3), cortes en el suministro de agua (1874.01.26 La Correspondencia de España, pg. 2 ; 1874.01.20 La Correspondencia de España, pg. 1 ; 1874.07.27 La Imprenta, pg. 6), robos, secuestros, asesinatos (1873.08.17 La Correspondencia de España, pg. 2)… tal era la situación que había incluso quien aprovechaba y se disfrazaba de carlista para delinquir y desviar así la atención (1874.01.26 La Correspondencia de España, pg. 2).

El responsable de esta virulenta campaña fue, principalmente, Pascual Cucala, de cuyo perfil sabemos, gracias al Aula Militar Bermúdez Castro de Castellón, que era “de estatura mediana, regordete, cara redonda, violada de pura cetrina, y mirada de lince, y que destacó por su crueldad, hasta el extremo de que tanto don Carlos, como Antonio Dorregaray y Dominguera, tuvieron que llamarle al orden, aunque sin ningún resultado”.

Pascual Cucala (Wikipedia)

La quema de nuestra estación de tren, aquel julio – agosto de 1873, fue responsabilidad suya. Pero también lo encontramos en enero del año siguiente en Vila-real, tomando rehenes y exigiendo contribuciones que los vecinos ya se negaban a pagar (1874.01.08 El Popular, pg. 2 ; 1874.01.09 El Gobierno, pg. 3 ; 1874.01.12 El Gobierno, pg. 1 ; 1874.02.07 La Correspondencia de España, pg. 2), y en febrero, intentando hacerse con un convoy de harina, munición y tabaco destinado al ejército (1874.02.05 El Gobierno, pg. 2 ; 1874.02.09 El Gobierno, pg. 2). En aquella ocasión fue el pueblo el que, cansado ya de las fechorías de las tropas carlistas, se echó a las armas para defender ya no solo el convoy, sino principalmente sus propios intereses (1874.02.10 La Crónica Meridional, pg. 2-3).

El diario de su hermano, Bautista Cucala, no se detiene demasiado en estos episodios, y evita hablar de la resistencia que encontró en el pueblo. De sus páginas podemos sacar, eso sí, alguna incursión carlista más en Vila-real, aunque de poca importancia, habida cuenta del nulo seguimiento que de ellas hizo la prensa de la época.

Tras las guerras, el movimiento carlista arraigó política y socialmente en nuestro pueblo. Lógicamente, sus ideales conservadores encontrarían en la Iglesia a un fuerte aliado; y en el republicanismo, su principal enemigo. El conflicto entre los dos bandos nos iba a traer más de una polémica de la que se hará eco la prensa nacional de entonces: trenes apedreados, el Sagrado Corazón de Jesús en la fachada del Ayuntamiento, manifestaciones multitudinarias contra las escuelas laicas…, hasta se gestó un intento de asesinato contra Blasco Ibáñez. Pero para hablar de todos estos altercados nos tendremos que esperar a un próximo dossier, con el que iremos entendiendo la acrecentada fama de carlista que se ganó Vila-real una vez terminadas las guerras.

1 En sus Efemérides de Villarreal, Benito Traver da como fecha de captura el 5 de enero, dato que se repite sin más en la Vilapedia y que contradice al que ofrecen Martí Cercós y Nebot Climent en sus respectivos apuntes (inéditos), ambos más coherentes con la prensa de la época al datar la captura en abril de ese 1834

2 Pío Baroja, Juan van Halen : el oficial aventurero – Madrid : Espasa-Calpe, 1933

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Vila-real y la cuestión carlista (II)

Tres nombres propios : Joaquín Llorens, Julián Pareja y Jaime Jordá

Por Ángel Pozo y Christine Sétrin, Biblioteca de Vila-real

Bandera carlista de la Primera Guerra (Wikipedia)

En el año 1833, apenas murió Fernando VII, los partidarios de Carlos V levantaron por él la bandera de insurrección. El gobierno de María Cristina, reina y gobernadora, conociendo que, en general, la milicia realista no le era adicta, decretó su desarme. La de Villarreal componía un batallón del que era comandante D. Joaquín Llorens, vecino de la misma: este comunicó la orden a la oficialidad, y en realidad principiaron a presentar las armas. A la sazón, el barón de Hervés alzó la bandera de D. Carlos dentro de la plaza de Morella; y sea que estuviesen relacionados de antes, ó que fuese pensamiento de momento, en lugar del desarme, se pertrecharon lo mejor posible y formado todo el batallón en masa a las órdenes de su citado comandante, fueronse a Morella, en donde su unieron con el referido barón de Hervés, logrando formar entre todos un cuerpo bastante numeroso auspiciado por Carnicer.

Así relata Nebot Climent en sus inéditos Apuntes históricos de Villareal los primeros compases del levantamiento carlista en nuestro pueblo, espoloneado por un personaje tan capital como silenciado de la reciente historia local: Joaquín Llorens.

Él será el primero y más importante de nuestros sublevados; su biografía tiene tantos claroscuros que es muy difícil hacerle un retrato fiel. Como de costumbre, nosotros nos limitaremos a dar algunos apuntes que permitan acercarnos un poco más a su perfil a través de los documentos digitalizados que facilitan las hemerotecas y bibliotecas digitales de referencia (BNE, ARCA, BVPH,…), entre otras webs. En ellas encontraremos datos biográficos, hazañas bélicas, tropiezos políticos… y en el camino nos cruzaremos con otros dos vila-realenses hasta ahora completamente olvidados, también protagonistas de la guerra carlista que, por una u otra razón, dejaron huella en la prensa de la época: Julián Pareja y Jaime Jordá.

Joaquín Llorens Bayer

La genealogía de los Llorens se puede rastrear hasta el siglo XVI, en Nules, desde donde vendrían a afincarse a Vila-real (abcgenealogia.com).

Su padre, Joaquín Llorens Chiva, ocupó varios cargos políticos y militares de relevancia, según se puede leer en la Relación de méritos que se conserva en el archivo de Vila-real, y llegó a ser en varias ocasiones alcalde del pueblo.

Joaquín Llorens Bayer

De uno de los tíos de Llorens Bayer, el presbítero José Antonio Llorens Chiva, relata Benito Traver un revelador episodio que nos da una idea aproximada del poder de la familia Llorens.

Por lo demás, la vida de nuestro protagonista está recogida en varias webs1 y monografías2. Con este dossier sólo pretendemos ilustrar, tal vez enriquecer, dichas biografías con los recortes de prensa que sobre él hemos ido encontrando.

En noviembre de 1833, un mes después del levantamiento carlista, encontramos una temprana referencia que sitúa al brigadier Llorens en Vistabella como uno de “los despreciables caudillos que tienen las gavillas a su cabeza”. (El Vapor, 1833.12.10, pg. 3). Aquí ya se le nombra con uno de los alias con los que se le distinguirá ya para siempre: Alcalde de Villarreal. Tal como asegura Vicent Gil en su monografía, lo más seguro es que el apodo le viniera por ser hijo del que había sido efectivamente alcalde de la ciudad, no porque él mismo lo llegase a ser.

No volveremos a tener noticias suyas hasta enero de 1836, en el que el periódico El Español (El Español, 1836.01.31, pg. 1) dibuja una curiosa semblanza del brigadier, a medio camino entre la animadversión hacia la causa carlista y el reconocimiento de los valores éticos del personaje: “al pasar por esta [Villafranca] el dicho Serrador llevaba á su derecha á uno muy bien vestido de paisano, al que miraba con mucha atención y afecto, y que por su figura manifiesta ser sugeto de fina educación y principios (…); este (…) es el tan nombrado y rebelde exalcalde y excomandante de Villareal (…), es un furibundo carlista bien conocido por su talento previsor (…), que si bien es abominable por su opinión y por sus hechos, no puede serlo por su nacimiento ni por sus circunstancias (…)”.

Por esta misma crónica sabemos que, una vez deshecha la facción de Morella, Llorens había emigrado primero a Francia “y otros países estrangeros” para presentarse después en Navarra ante el pretendiente.

Pero su regreso a España se saldará con una sonada e importante derrota en la batalla de Toga, el 22 de enero de ese 1836, donde el comandante Antonio Buil cercó a las tropas de varios cabecillas carlistas, entre los que se encontraban el Serrador y el Alcalde de Villarreal, que, tras su dispersión, fueron diezmadas de forma considerable, si atendemos a la prensa oficial de la época. (El Español, 1836.01.30, pg. 3 ; El Español, 1836.02.01, pg. 3 ; La Revista española, 1836.02.03, pg. 2 ; La Revista española, 1836.02.04, pg. 1 ; El Nacional, 1836.02.05, pg. 4 ; El Nacional, 1836.02.05, pg. 2 ; La Revista española, 1836.02.24, pg. 2 ; El Nacional, 1836.02.26, pg. 2 ; El Nacional, 1836.03.03, pg. 4 ; El Eco del comercio, 1836.03.09, pg. 2).

Tras días de huida junto al Serrador, Llorens decide cambiar de estrategia y se presenta en Burriana junto a una numerosa facción: no quiere seguir huyendo, prefiere presentar batalla y ganarse La Plana. Empiezan así los primeros roces con su superior (La Revista española, 1836.04.24, pg. 3 ; El Eco del comercio, 1836.04.25, pg. 2). A estas alturas de la guerra, la prensa sigue subrayando las cualidades de Llorens como cabecilla y estratega, así como sus valores humanos.

José Miralles, el Serrador (Wikipedia)

A finales de junio de ese mismo año, su tropa, con más de dos mil hombres, ya opera sin el mando del Serrador y, tras ser rechazada en Xert (El Nacional, 1836.07.05, pg. 3 ; El Español, 1836.07.07, pg. 1 ; El Guardia nacional, 1836.07.07, pg. 4), se dirige a Onda para llegar hasta Vila-real, donde les aguarda Cabrera (El Eco del comercio, 1836.07.28, pg. 2 ; El Eco del comercio, 1836.07.29, pg. 1 ; Gaceta Oficial, 1836.08.19, pg. 3). Al parecer, a partir de entonces establecería su cuartel en los alrededores de Onda (El Castellano, 1837.05.16, pg. 2) y, a pesar de no nombrársele en las crónicas, no es difícil imaginarlo participando en las incursiones que se hacían entonces por la comarca para hacer acopio de suministros (El Español, 1837.05.11, pg. 2-3 ; El Barómetro, 1837.06.09, pg. 3 ; Diario del Gobierno de la República Mexicana, 1837.06.14, pg. 3), o en la visita que el pretendiente hiciera a Vila-real el julio de ese mismo 1837 (El Eco del comercio, 1837.07.13, pg. 4 ; El Español, 1837.07.14, pg. 1 ; El Castellano, 1837.07.15, pg. 3 ; El Eco del comercio, 1837.07.15, pg. 5 ; El Eco del comercio, 1837.07.16, pg. 1).

La pista de nuestro personaje se nos pierde en las hemerotecas en este último periodo de la guerra, cuando precisamente Vila-real, ya lo veremos, fue escenario de varias batallas y escaramuzas importantes. Gracias al trabajo de Antonio Caridad sabemos que por aquellas fechas Llorens cruzó media península defendiendo la causa carlista hasta que se firmara el convenio de Vergara y decidiera exiliarse a Francia.

Regresaría unos diez años después, en 1848, acogiéndose a la amnistía que el Gobierno español había decretado para los mandos carlistas, y recuperando el rango de brigadier pero, esta vez, del lado del ejército isabelino. Al parecer, su recibimiento en Vila-real fue multitudinario (El Balear, 1848.10.26, pg. 2) y, aunque hubo quien aprovechó para ironizar sobre este cambio de bando (El Católico, 1848.10.12, pg. 8), se le consideraba el hombre adecuado para terminar con los carlistas de la zona (El Heraldo, 1848.10.29, pg. 3).

Un inmenso gentío obstruía las calles; todos de tropel y sin distinción de matiz político acudían á ver al jóven brigadier, conocido por el alcalde de Villarreal, gefe carlista y de muy distinguido nacimiento

Todas las biografías y reseñas de Joaquín Llorens nos lo presentan como un hombre de principios, honrado, noble hasta con sus enemigos. Por eso, el episodio más oscuro de su vida tiene tan difícil lectura: el 31 de diciembre de 1848 metió en prisión a once vecinos de Vila-real por considerarlos sospechosos de bandolerismo; la madrugada del dos de enero, ocho de ellos fueron conducidos hasta las afueras del pueblo y fusilados sin contemplaciones. Sus cuerpos sin vida fueron paseados por carro por las calles de Vila-real como advertencia a futuros delincuentes.

Los hechos llegaron hasta el Congreso de Diputados, donde se defendieron dos posturas bien distintas: Llorens actuó oficialmente bajo órdenes de la Capitanía General de Valencia y contra malhechores concretos y bien probados, disparándoles tras un intento de fuga; o se tomó la justicia por su cuenta y se aprovechó de su cargo para saldar antiguas cuentas con enemigos personales que hiciera en Vila-real durante la Primera Guerra Carlista. Sea como fuere, el hecho bastó para poner en duda la validez de la amnistía, la conducta de los hombres que a ella se habían acogido y la conveniencia de “colocar a una persona que tenga resentimientos políticos en el mismo país donde ha combatido por otra causa, donde tiene enemigos y tiene agravios” (La Esperanza, 1849.01.17, pg. 3-4 ; El Popular, 1849.01.17, pg. 1 ; La Patria, 1849.01.17, pg. 3-4).

Nebot Climent denuncia los fusilamientos de Llorens en sus Apuntes históricos de Villarreal (1880)

El mismo Ayuntamiento de Vila-real se posicionó contra esos fusilamientos, quejándose “amargamente de los abusos que, so pretexto de perseguir a los malévolos, comete la persona encargada de su ejecución” y señalando que “en la mano que dirige esto se nota una tendencia política muy marcada, venganzas son particulares, no satisfechas hasta ahora”. Defiende el Ayuntamiento, además, la inocencia de al menos dos de los ajusticiados, Pascual Gasua y Pascual Navarro, cuyo único delito fue el haber defendido la causa isabelina en el conflicto carlista, y acusa a dos de los hombres que no fueron ajusticiados, Manuel Benedicto y Juan Ballester, de ser efectivamente malhechores, pero haberse salvado de la pena máxima por sí ser ambos carlistas (El Clamor público, 1849.01.17, pg. 2-3). Este comunicado oficial del Ayuntamiento obtendría una indignada respuesta de Andrés Font de Mora y Gamboa, abogado, político y familiar de Llorens, defendiendo la integridad del acusado (La Esperanza, 1849.02.03, pg. 3). Un cruce de reproches, en fin, que dibuja el complicado y conflictivo estado de alarma en el que vivía continuamente la Vila-real dividida de aquellos años.

Pronto se denunciarán por otros rincones del país acciones semejantes a la de nuestro brigadier (La Esperanza, 1849.01.19, pg. 1 ; El Clamor Público, 1849.01.21, pg. 3 ; La Esperanza, 1849.01.23, pg. 4 ; El Clamor público, 1849.03.22, pg. 2 ; La Nación, 1849.07.24, pg. 4 ; El Observador, 1849.07.26, pg. 2 ; La Nación, 1849.07.28, pg. 1 ; La Nación, 1850.05.18, pg. 3). Además, la dudosa actuación de Llorens se utilizará de forma interesada como justificación del aumento de facciones carlistas en la zona (El Católico, 1849.01.27, pg. 8).

El general Peray será el encargado de la formación de la causa sobre los fusilamientos de Vila-real y, si bien al principio se tenía mucha fe en sus diligencias (El Observador, 1849.01.31, pg. 2 ; El Popular, 1849.02.01, pg. 4 ; El Popular, 1849.02.06, pg. 4), pronto caerá el desánimo ante la lentitud del procedimiento (El Observador, 1849.02.12, pg. 2 ; El Clamor público, 1849.03.18, pg. 3), hasta el punto de que el diario progresista El Clamor público aprovechó la impunidad de Llorens para acusar directamente al Gobierno y lanzar una agresiva campaña de desgaste contra él (El Clamor público, 1849.06.02, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.07.19, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.08.01, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.08.02, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.08.03, pg. 1 ; El Clamor público, 1849.10.30, pg. 2 ; El Clamor público, 1851.05.27, pg. 1).

Mientras tanto, en lo que podríamos entender como un pulso a las voces liberales o un gesto de confianza para con el acusado, Juan Villalonga ,Capitán General de Valencia, propone a Llorens para el cargo de Mariscal de Campo, lo que levanta no pocas suspicacias (La Esperanza, 1849.02.28, pg. 3 ; El Católico, 1849.03.01, pg. 8), más aún teniendo en cuenta que, todavía con la causa abierta contra él, sigue realizando dudosas detenciones a progresistas de la región (La Nación, 1849.05.18, pg. 3), e incluso “haciendo sin duda alarde de poder y de influencia con las autoridades superiores, continuó su comisión desterrando del pueblo a D. Pascual Nebot Climent, administrador de correos; a D. Domingo Chillida Gavaldá, alcalde; al presbítero D. Domingo Chillida Renau; al 2º alcalde, D. Pedro Roca Cubero; a D. Pedro Bayarri Benedito, que fue después Ministro de Marina, y otros” 3.

Así las cosas, el ambiente en Vila-real, donde todos recelaban de todos, estalló en las elecciones de aquel 1849: en el triunfo de los realistas se ve la mano negra del brigadier, al parecer, demasiado inmiscuido en cuestiones políticas, y será el propio Capitán General, que lo acababa de proponer para Mariscal de Campo, quien le ordenará que repliegue su tropa a Sagunto y vaya a Valencia a recibir órdenes (El Católico, 1849.11.07, pp. 7-8). Acto seguido, bien sea por el tirón de orejas que le dieran en capitanía general, bien por su causa abierta por los famosos fusilamientos, Llorens presentará su dimisión (La Nación, 1849.11.13, pg. 2), a pesar de la cual, su empleo de brigadier no quedará vacante hasta su fallecimiento, en 1863 (La Época, 1863.11.23, pg. 3).

Tras su muerte, el legado conservador de los Llorens tendrá continuidad en el primogénito del brigadier, Joaquín Llorens y Fernández de Córdoba. Militar, diputado jaimista, responsable de la organización nacional de los requetés y alcalde de Ontinyent, queda fuera del alcance de estos dossiers al haber nacido ya en Valencia.

Joaquín Llorens y Fernández de Córdoba (primero desde la izquierda) junto al pretendiente Jaime de Borbón (penúltimo) en San Juan de Luz (Wikipedia)

 

Julián Pareja

Otros cabecillas menores salieron de nuestras calles a defender la causa carlista, pero no tuvieron tanto renombre como Joaquín Llorens. Uno de ellos fue Julián Pareja, del que no sabemos si guarda relación con el escribano homónimo de Vila-real4.

Lo que sí hemos encontrado en varias fuentes es que estudió junto a Ramón Cabrera, el legendario cabecilla carlista, y que ambos jugaban compitiendo a pedradas como jefes de los bandos tortosí y valenciano, respectivamente:

“Era tradicional costumbre — terminadas las clases — reunirse los estudiantes por las tardes en el valle de Remalillos, pasada la puerta del Rastre. Jugaban al marro, a la “cossa” — la coz, o sea la jaliba — y sobre todo a la pedrea, llamada también — y no a humo de pajas — quebrantahuesos. El patriotismo local, que encarna la famosa frase: “Som tortosíns; ni catalans ni valencians”, deslindaba “ipso facto” los campos. De un lado los del pueblo, mandados por Cabrera, del otro los valencianos, por Julián Pareja, hijo de Villarreal de la Plana. Restallaban las hondas, y allí iban por los aires peladillas de arroyo más espesas que pedrisco. Si la cosa se ponía fea para Tortosa, Ramonet [Cabrera] se terciaba el manteo, encasquetábase bien el “tricuspis” y, echando chispas por los ojos: “Endavant, minyons — gritaba — duro amb aquests Madres!”, y con su garrote, decidía la victoria a linternazos.” (Destino, 1940.02.10)

Cabrera en su época de estudiante (Museo del estudiante)

Ya como comandante carlista, en julio de 1837, Julián Pareja protagonizó alguna que otra escaramuza en Vila-real en la que acabaron fusilados varios vecinos, tal como apunta Martí Cercós en su Historia de Villarreal. Por las fechas en las que actuó y los lugares que frecuentó, es fácil imaginar a Pareja compartiendo batallas y rancho con Joaquín Llorens durante los años que éste anduvo por Onda, recaudando provisiones para la causa (La Estafeta, 1837.11.22, pg. 5).

Fue precisamente en las inmediaciones de Onda donde, un 14 de febrero de 1838, le hicieron preso, requisándole una orden en la que el propio Cabrera le pedía 250 arrobas de cobre. Para entonces, Pareja ostentaba el cargo de Jefe de la Plana Mayor (La Estafeta, 1838.02.22, pg. 2 ; Gazeta de Madrid, 1838.02.22, pg. 3).

Se le juzgará en Vila-real el 27 de ese mismo mes de febrero, acordándose el sobreseimiento de la causa (El Correo nacional, 1838.03.11, pg. 1 ; El Eco del comercio, 1838.03.12, pg. 2). Una vez puesto en libertad, lo único que sabemos de él es que continuará con su campaña de abastecimiento para la milicia carlista, dejando tras de sí muertes, secuestros y desorden (El Correo nacional, 1838.12.20, pg. 1 ; El Pilot, 1840.01.30, pg. 4).

Jaime Jordá

Mucha menos información tenemos del que fuera fraile y guardián del convento de Morella, Jaime Jordá. Como secretario del Serrador en la Primera Guerra Carlista, es casi seguro que coincidiera con sus vecinos Llorens y Pareja. Al parecer estuvo también exiliado en Francia, pero regresó sin pasaporte, al no acogerse a la amnistía, y se unió a las filas de El Groc de Forcall.

De Fray Jordá sabemos que fusiló al alcalde de Villanueva de Alcover y que se encargaba de reclutar voluntarios a la causa hasta que cayó preso en Benassal (El Eco del comercio, 1842.12.16, pg. 2 ; El Corresponsal, 1843.01.09, pg. 3). El Groc, una vez enterado de su captura, amenazó con “que si se le quita la vida, fusilará a cuantos coja de Castellón” (El Constitucional, 1842.12.29, pg. 1).

Al contrario que a Pareja, a Jordá sí le hicieron un consejo de guerra, del que saldrá condenado a muerte (El Corresponsal, 1843.01.29, pg. 1). Tras pasar por capilla, sería fusilado el 22 de febrero de 1843 (El Corresponsal, 1843.02.27, pg. 3 ; El Católico, 1843.03.09, pg. 7 ; El Archivo del ejército, 1843.06.04, pg. 5).

En líneas generales, estas fueron las vidas de tres vila-realenses que defendieron incluso hasta la muerte la legitimidad de Carlos V. Tres personajes de los que hemos podido rescatar nombres y hechos, pero que sólo ilustran una mínima parte de lo que significaron aquellas guerras carlistas para nuestro pueblo. Quedan en el anonimato los centenares de víctimas y verdugos vila-realenses de ambos bandos que no dieron titulares de prensa, pero que marcaron la historia de nuestro s. XIX. Ellos y ellas, junto a otros hechos que iremos desmenuzando en los próximos dossiers, alimentaron poco a poco la legendaria fama del carlismo fanático de Vila-real.

El activismo carlista de la Iglesia caricaturizado en La Flaca (Wikipedia)

1Real Academia de la Historia, www.carlismo.es

2 Gil Vicent, V. Joaquín Llorens y Bayer (1807-1863) : un militar olvidado por la historia – Vila-real: Ajuntament, 2006. Caridad Salvador, A. Cabrera y compañía : los jefes del Maestrazgo al frente del carlismo (1833-1840) – Zaragoza: Institución Alfonso el Magnánimo, 2014

3 Nebot Climent, L. Apuntes históricos de Villarreal (inéditos), pp. 280 – 281

4 Carceller Safont, M. “Relació de documents sobre Vila-real de l’Arxiu històric diocesà de Tortosa (I)”, en Font, n. 16, pg. 239

 

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Teresa, Rosario, Dolores : violencia machista en Vila-real (1850-1950)

Por Ángel Pozo y Christine Sétrin, Biblioteca de Vila-real

Hace ya más de veinte años que el 25 de noviembre pasó a ser el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y, desde entonces, este mes se llena de actividades e iniciativas reivindicativas en torno a esa conmemoración. La Biblioteca de Vila-real quiere sumarse a esta reivindicación recuperando de las hemerotecas, bibliotecas y archivos digitales dos casos históricos de violencia machista que sucedieron en nuestro pueblo y que sacudieron la opinión pública. Dos casos que se cobraron la vida de tres mujeres que creemos necesario rescatar como estandarte de las muchas mujeres maltratadas y asesinadas que se quedarán en el anonimato.

Que la violencia machista es un mal antiguo no necesita argumentación, pero su reflejo en la prensa, es decir, la preocupación social que de ella se deriva, es bastante reciente. Al menos, en lo que a nuestro pueblo se refiere. La primera noticia de que disponemos se remonta a agosto de 1849 : un vecino de Vila-real es llevado a prisión por “atentar contra la vida de su consorte”. Es cuanto menos llamativa (y alentadora) la alusión que en la nota de prensa se hace al acto machista “como de los más perversos y criminales instintos” (Pop. 1849.08.09, pg. 4). Pero, por lo general, el patriarcado seguía justificando estas muertes con criterios que hoy harían estallar conciencias: en diciembre de 1856, “en Villarreal, una mujer casada, rodeada de sus hijos, faltó a los deberes más santos y recibió el castigo de su adulterio por mano de su cómplice, ocasionando con su muerte la de un hijo suyo de dos años” (Gb. 1856.12.30, pg. 1). No fue asesinada, fue ajusticiada por adúltera (del castigo que debiera sufrir en consecuencia su cómplice nada se dice) y se le responsabiliza, además, de la muerte del hijo. Sin embargo, ellas también terminaban siendo la víctima cuando el adúltero era el marido: “un vecino de Villarreal ha envenenado a su esposa con una pócima que le entregó la amante del marido” (ED. 1886.08.08, pg. 2).

Veamos otro ejemplo: el 15 de noviembre de 1923, un desconocido entra de madrugada en casa de Leonor D., una ciudadana inglesa afincada en Vila-real, y termina agrediendo a su hija antes de darse a la fuga. La noticia se recoge con el mismo texto en dos periódicos de la época, cuyos titulares, pese a ser distintos, coinciden en la victimización del agresor: “Asalta un hogar de madrugada y le apalean”, “Un hombre apaleado” (Sol 1923.11.16, pg. 8 ; Cor. Esp. 1923.11.16, pg. 3).

De Vila-real salen noticias de maltratadores y violadores con nombres y apellidos; gracias a estos recortes sabemos que el maltrato se castigaba a principios de siglo con una pena de cinco días de arresto. El hecho de que en una misma noticia aparezcan dos casos ya nos pone sobre la pista de lo habitual de los maltratos (Her. Mad. 1891.09.12, pg. 3 ; Pl. 1906.06.02, pg. 3).

Teresa S. A.

Pero hubo de entre todos un caso que copó la prensa de finales del siglo XIX y principios del XX: Teresa S. A., viuda de setenta años, vivía sola en su casa de la calle de La Purísima. Su hijo, Miguel B. S., de 44 años, vivía en Almazora. Un 21 de enero de 1899, Miguel se presentó en la casa de la madre para pedirle dinero. En un principio, al ella negarse, no pudo más que resignarse y volver hacia su pueblo. Pero al cabo de un rato regresó, amenazó a la madre, la estranguló y le robó entre 26 y 30 pesetas que tenía. El cuerpo sin vida de Teresa fue descubierto por una de sus vecinas, que dio aviso a la Guardia Civil. Pronto se detuvo al hijo, que confesó el crimen. Fueron muchos los periódicos que se hicieron eco de este asesinato : Imp. 1899.01.24, pg. 2 ; D.T. 1899.01.24, pg. 2-3 ; Ep. 1899.01.24, pg. 4 ; Prov. 1899.01.24, pg. 3 ; Est. Cat. 1899.01.24, pg. 3 ; Luc. 1899.01.25, pg. 3 ; Cron. Mer. 1899.01.28, pg. 1 ; País 1899.01.28, pg. 3 y E.S. 1899.01.29, pg. 1.

La vida de Teresa termina ahí, a manos de su hijo. Del destino de Miguel aún podemos rastrear algunos datos más: el 11 de julio de aquel 1899, casi siete meses después del crimen, será condenado a muerte por garrote (País, 1899.07.12, pg. 2 ; Ep. 1899.07.12, pg. 2 ; Izq. 1899.07.12, pg. 3 ; Imp. 1899.07.12, pg. 1 ; Av. 1899.07.13, pg. 3 ; D.T. 1899.07.15, pg. 2-3). Sin embargo, en abril de 1900, seguía todavía pendiente de su suerte: los ayuntamientos de Vila-real y de Almazora, el obispo de la diócesis y algunas autoridades más solicitaron su indulto a la Reina, el motivo principal era evitar ofrecer el lamentable espectáculo de una ejecución en público, tal como se  seguían practicando (Her. Mad. 1900.04.01, pg. 1 ; Cant. 1900.04.02, pg. 3Cor. Esp. 1900.04.03, pg. 3 ; Ep. 1900.04.04, pg. 3 ; ED. 1900.04.04, pg. 2 ; D.R. 1900.04.04, pg. 2 ; Lib. 1900.04.04, pg. 3). Pero el indulto no prosperó, por lo que la fecha de la ejecución quedaría fijada para el 18 de ese mismo abril, a las 8.00 de la mañana (País 1900.04.15, pg. 3 ; D.R. 1900.04.16, pg. 1 ; C. Esp. 1900.04.16, pg. 3).

La prensa nacional se vuelca entonces en un seguimiento casi morboso del caso, por lo que podemos conocer detalles del último día del reo, de su ejecución o de la localización exacta del patíbulo (C. Esp. 1900.04.17, pp. 1-2 ; Lib. 1900.04.17, pg. 2 ; Her. Zam. 1900.04.17, pg. 1 ; Cor. Esp. 1900.04.17, pg. 2 ; Sig. Fut. 1900.04.17, pg. 2 ; Ep. 1900.04.17, pg. 2 ; Cor. Esp. 1900.04.17, pg. 3 ; LR. 1900.04.18, pg. 3 ; Gb. 1900.04.18, pg. 1 ; Cant. 1900.04.18, pg. 3 ; Imp. 1900.04.18, pp. 1-2 ; Din. 1900.04.18, pg. 2 ; C. Esp. 1900.04.18, pg. 3 ; D.P. 1900.04.18, pg. 2 ; Est. Cat. 1900.04.18, pg. 1 ; Ad. 1900.04.19, pg. 2 ; Cor. Esp 1900.04.19, pg. 3). Pero más interesante resulta saber, a través de esos mismos recortes de prensa, que el asesino de Teresa será el último reo ajusticiado en público: la reforma de los artículos 102, 103 y 104 del Código Penal prohibirá a partir de entonces semejante espectáculo (Imp. 1900.04.17, pg. 2 ; Est. Cat. 1900.04.19, pg. 1 ; Ep. 1900.04.20, pg. 3).

El caso de Teresa fue seguido con expectación y detalle por la prensa nacional, pero no nos engañemos: no fue porque se tratara de un asesinato machista, no, sino por ser la víctima, viuda septuagenaria e indefensa, la madre del asesino. Otros casos hubo de crímenes contra mujeres que no levantaron el mismo interés, como la muerte de una joven tras tomar un abortivo “por ocultar su deshonra” (Imp. 1905.07.04, pg. 1 ; Cor. Val. 1905.07.05, pg. 2 ; Imp. 1905.07.05, pg. 3 ; Lib. 1905.07.05, pg. 2) o el asesinato que cometió J. L. contra su esposa (ED. 1918.03.30, pg. 1 ; Cor. Esp. 1918.03.30, pg. 2).

Rosario G. B y Dolores A. G.

Última foto de la joven Dolores, asesinada por su padre

Rosario G. B. se quedó sola con cinco hijos cuando su marido, Pascual A. L., emigró a Francia. Fueron ocho años en los que ella decidió trasladarse a Valencia. Al regresar de Francia, él quiso retomar la vida familiar e impuso en casa una severa disciplina regada, al parecer, con excesivo alcohol. Se instalaron en el número 9 de la calle de La morera, actual Bisbe Rocamora, donde abrieron una carnicería que atendían indistintamente mujer y marido. Él veía con malos ojos las atenciones que ella tenía para con los clientes y le quiso imponer un cinturón de castidad de su invención, se trataba de “una especie de camisa de cuero, que se cerraba por uno de los lados con una cremallera, en cuyo extremo había dos anillas que por medio de un candado de pequeñas dimensiones, una vez cerrado, impedía el poderse quitar el infernal aparato”. Pascual fue denunciado y condenado a dos meses de prisión y a una multa de 250 pesetas. Pero entonces no había órdenes de alejamiento. Al volver al hogar continuaron las vejaciones y malos tratos que, al parecer, se extendían también a las hijas e hijo. La tarde del 22 de julio de 1935, tras una discusión sobre quién debía atender la carnicería, él sacó una pistola y disparó a su mujer, hasta en dos ocasiones, en presencia de sus hijas de once y diecinueve años. Al salir la mayor, Dolores, en defensa de la madre, Pascual disparó también contra ella. La hija pequeña, aterrorizada, corrió a avisar a sus familiares y, de ahí, a las autoridades, quienes, en un primer momento, no hicieron caso de la denuncia. Tuvo que ser una muchedumbre de mujeres apostadas y pidiendo justicia en la puerta del local la que incitara a presentarse a la Guardia civil y derribar la puerta de la casa en el  momento en que en la habitación de arriba sonaba un disparo: Pascual había intentado suicidarse. Ellas dos murieron, él quedó gravemente herido y fue trasladado al hospital, del que, por cierto, intentó fugarse. Sería condenado a 23 años de cárcel por cada homicidio más siete meses por tenencia ilícita de armas.

Él quiso imponerle un cinturón de castidad de su invención, “una especie de camisa de cuero, que se cerraba por uno de los lados con una cremallera, en cuyo extremo había dos anillas que por medio de un candado de pequeñas dimensiones, una vez cerrado, impedía el poderse quitar el infernal aparato”

Este es el desgarrador relato que se desprende del total de recortes de prensa que se hicieron eco del crimen, de los que también hemos extraído la imagen que ilustra el dossier: Her. Mad. 1935.07.23, pg. 16 y 2 ; Ep. 1935.07.23, pg. 3 ; Her. Cas. 1935.07.23, pg. 1 ; Sol 1935.07.23, pg. 12 ; Sig. Fut. 1935.07.23, pg. 20 ; Her. Mad. 1935.07.24, pg. 11 ; Her. Mad. 1935.07.24, pg. 8 ; Nac. 1935.07.24, pg. 11 ; Lib. 1935.07.24, pg. 2 ; Ah. 1935.07.24, pg. 3 ; Ah. 1935.07.25, pg. 12 ; Vil. 1935.07.27, pg. 3 ; Her. Mad. 1935.07.29, pg. 10 ; Nac. 1935.09.20, pg. 15 ; Sol 1935.09.20, pg. 6 ; Her. Mad. 1935.09.21, pg. 12.

Dos asesinos, tres víctimas, que sacudieron la opinión pública y centraron la atención de la prensa nacional, poniendo tristemente el nombre de Vila-real en boca de todos. Desgraciadamente, las hemerotecas más recientes nos recuerdan que, un siglo después, se siguen repitiendo estos crímenes.

Cuadro de abreviaturas

Ad. El Adelanto
Ah. Ahora
Av. El Aviso
Cant. El Cantábrico
C. Esp. El Correo español
Cor. Esp. La Correspondencia de España
Cor. Val. La Correspondencia de Valencia
Cron. Mer. La Crónica Meridional
ED. El Día
D.P. El Diario palentino
D.R. Diario de Reus
D. T. Diario de Tortosa
Din. La Dinastía
E.S. El Eco de Santiago
Ep. La Época
Est. Cat. El Estandarte católico
G.L. El Genio de la Libertad
 Gb. El Globo
Her. Mad. El Heraldo de Madrid
Her. Zam. El Heraldo de Zamora
Imp. El Imparcial
Izq. La Izquierda dinástica
Lib. El Liberal
Luc. La Lucha
Nac. La Nación
Pl. La Plana
Pop. El Popular
Prov. Las Provincias
LR. La Rioja
Sig. El Siglo futuro
Sol El Sol
Vid. Vida marítima
Vil. Villarreal

Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

Vila-real y la cuestión carlista (I)

Villasanta, Villa republicana

Por Ángel Pozo y Christine Sétrin, Biblioteca de Vila-real

¡Villarreal! Ahí, querido, vas a pagarlas todas juntas. Esa gente se come crudo a un liberal en menos que reza un avemaría (El Imparcial, 1902.06.20, pg. 1)

De esta manera tan gráfica describía un diario de 1902 un hecho que ya era de sobra conocido en toda España: en Vila-real, “población caracterizada por sus exagerados afectos a la causa del carlismo” (El Imparcial, 1905.04.11, pg. 2), “predominaban las masas tradicionalistas” (El Correo español, 1902.06.19, pg. 3). Y decimos que era algo de sobra conocido por las numerosas ocasiones en las que la prensa del momento se hace eco de ello: basta con asomarse ligeramente por los rotativos de la época para encontrar testimonios del tipo

Villa generalmente carlista (El Balear, 1848.10.26, pg. 2)

Espíritu altamente carlista (La Correspondencia de España, 1874.01.26, pg. 2)

Dominaba en ella el elenco carlista (Las Baleares, 1894.12.20, pg. 1)

La Estella del Maestrazgo [¿?] (La Libertad, 1901.11.09, pg. 3)

Villarreal, pueblo el más carlista de España (El Motín, 1903.09.26, pg. 4)

Villarreal eminentemente católico (El Motín, 1904.08.20, pg. 4)

Villarreal (…) se hace notar por sus ideas tradicionalistas (La Época, 1905.04.14, pg. 2)

Villarreal, pueblo carlista de la provincia de Castellón (El Motín, 1910.03.31, pg. 15)

Villarreal, en donde el carlismo tiene núcleos formidables (El Correo español, 1910.04.19, pg. 1)

Religiosa población valenciana (La Hormiga de oro, 1917.06.16, pg. 10)

Católico pueblo de Villarreal (Oro de ley, 1920.02.15, pg. 9)

Tal era la fama de Vila-real y su carlismo que el diputado tradicionalista Luis María de Llauder llegó a decir en un discurso que nuestro pueblo debería bautizarse como Villasanta, comentario que provocó no pocas burlas en el sector liberal, con referencias a nuestra inminente canonización (El Motín, 1890.04.20, pg. 3 ; El Motín, 1911.02.02, pg. 10), y una réplica del que fuera presidente de la Primera República, Nicolás Salmerón, que esta vez nos cambió el topónimo por Villa republicana, con el correspondiente abucheo por parte de la prensa conservadora (La Iberia, 1894.12.17, pg. 1 ; La Época, 1894.12.17, pg. 2 ; El Orden, 1894.12.20, pg. 1). Incluso encontramos alguna que otra perla hiperbólica como la que publicaba El Heraldo de Madrid (1902.06.19, pg. 2) : “Hay que tener en cuenta que Villarreal tiene tres conventos; que la población es, en su mayoría, levítica, y las gentes gritan de continuo : ¡Viva San Pascual! ¡Viva D. Carlos!”

Luis María de LLauder y Nicolás Salmerón

Todo valía para ridiculizar o ensalzar los valores carlistas del Vila-real de finales del s. XIX y principios del XX. Nuestro pueblo estaba, pues, en boca tanto de carlistas como de republicanos y a todos les servíamos como piedra arrojadiza a la hora de debates y polémicas.

En pueblos como Villarreal, se tira una naranja y cae siempre sobre un carlista

Pero es de suponer que no sería Vila-real el único ayuntamiento tradicionalista (es conocido el protagonismo que todo el Maestrazgo tuvo en las Guerras carlistas, y de ahí, quizá, la confusión de La Libertad, al llamar a nuestro pueblo “la Estella del Maestrazgo”) y, sin embargo, la inquina con la que la prensa liberal de la época descargó contra Vila-real fue particularmente feroz. La cita que encabeza este dossier es sólo un ejemplo, veamos unos pocos más

Cafres místicos (…) los pieles rojas de Villarreal (El Motín, 1899.10.21, pg. 1)

Fanática en ideas religiosas y de importante estadística criminal (La Publicidad, 1902.01.21, pg. 1)

Villarreal es el pueblo más salvaje de España (El País, 1902.03.04, pg. 1)

Los bárbaros de Villarreal (El Pueblo, según cita de El Siglo futuro, 1902.03.10, pg. 1)

Villarreal (…) se ha distinguido siempre por carlistón y atrasado (El Baluarte, 1902.06.04, pg. 37)

Villarreal, el pueblo levítico, el baluarte del carlismo en La Plana (…) pueblo fanático (El Motín, 1903.11.21, pg. 2)

Villarreal selvático y frailuno (…) nido del carlismo (La Libertad, 1933.06.27, pg. 1)

En pueblos como Villarreal, se tira una naranja y cae siempre sobre un carlista (La Unión, 1936.07.31, pg. 13)

¿A qué vino todo este ruido? ¿Tan grave era que un pueblo defendiera la causa carlista? ¿Por qué este ensañamiento mediático precisamente contra Vila-real?

Joaquín LLorens Báyer

La respuesta a estas preguntas vamos a ir desgranándola a través de una serie de dossiers en los que trataremos el protagonismo de Vila-real y de los vila-realenses en las guerras carlistas, en las que destacaron importantes cabecillas facciosos como Joaquín Llorens, Julián Pareja y Jaime Jordá. Hablaremos de disturbios y debates políticos entre republicanos y tradicionalistas, mítines y actos de propaganda, polémicas con unas placas del Corazón de Jesús que llegaron hasta el Congreso de los Diputados, fusilamientos indiscriminados de civiles contrarios al carlismo, el rechazo que supuso en Vila-real la puesta en marcha de la educación laica, linchamientos a destacados personajes liberales como Blasco Ibáñez o Mariano Benlliure… sí, todo esto pasó en el Vila-real convulso de cambio de siglo.

En la Biblioteca de Vila-real vamos a ir presentando una serie de dossiers temáticos dedicados a varios capítulos del carlismo local: las guerras, sus protagonistas, la cuestión política y los graves disturbios entre tradicionalistas y republicanos. Sirva esta primera entrada solo de aperitivo, de presentación a la cuestión carlista en nuestro pueblo y, si la paciencia les impide esperar las próximas entregas, siempre tienen la oportunidad de bucear por su cuenta en las distintas bibliotecas y hemerotecas digitales y asomarse con ellas a este complejo periodo de nuestra historia.

Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

El vapor Villarreal (1869 – 1908)

Crèdits

Eco de Alicante, 11.03.1869, pg. 4

El Pueblo, 17.03.1908, pg. 1

El Pueblo, 17.03.1908, pg. 3

La Correspondencia de España, 17.03.1908, pg. 1

Las Provincias, 17.03.1908, pg. 1

La Correspondencia de España, 18.03.1908, pg. 1

El Agrario, 21.03.1908, pg. 3

Trasmeships.es

Vidamaritima.com

J.S. Bach, Prelude and Fugue, N. 22. J.L. Grant, Piano (amb l’amable autorització de l’artista)

J. S. bach, Prelude and Fuge, N. 2. J.L. Grant, Piano (amb l’amable autorització de l’artista)